jueves, 27 de agosto de 2015

ESPECIALES BOXEO - FACING ALI (de Pete McCormack, 2009)









«Es difícil ser humilde cuando eres tan grande como yo» - MUHAMMAD ALÍ


Interesante enfoque el de Facing Ali: analizar la figura de Muhammad Ali desde el punto de vista de sus contrincantes, de esos enemigos que no lo son tanto. En definitiva, de aquellos que tuvieron la oportunidad de pelear contra él. Mediante esa multiperspectiva que nos ofrecen las declaraciones de boxeadores como Chuvalo, Terrel, Frazier, Norton, Foreman, Ron Lyle, Shavers o Holmes, vamos reconstruyendo la vida y la personalidad de un hombre que se convirtió en símbolo. Querido y odiado, su relevancia y notoriedad fuera del ring resultó asombrosa.

Alí ya no puede hablar, nosotros lo hacemos por él. Esta frase, pronunciada por uno de estos boxeadores, refleja a la perfección el espíritu de la cinta. Sin embargo, decir que este es un documental de boxeo, aún siendo cierto, no deja de ser una afirmación parcial e incompleta, pues nos estaríamos olvidando de que también es una película sobre la pobreza, la inmigración y el racismo. Es una película que rebusca en la historia y mira muy de cerca la política y la religión.

Pero sobre todo y ante todo es una película sobre seres humanos, que utilizaron un deporte salvaje para salir de la marginación y la miseria, ganándose el reconocimiento del mundo, que se paró durante unos minutos para verlos boxear contra Ali. Un combate, que a muchos les cambió la vida. Varios de ellos sufren secuelas de sus años como boxeadores (alguno necesita de la presencia de subtítulos para ser entendido). Secuelas a las que Ali contribuyó con sus golpes. De la misma manera, Ali se convirtió en víctima de Foreman, Holmes y compañía, pues muchos son los que aseguran que el Parkinson que le azota es una consecuencia directa de su vida como boxeador. Se dice, que si Ali se hubiera retirado antes de comenzar a perder combates (al final de su carrera), la enfermedad no le hubiera atacado, al menos de esa manera tan temprana y agresiva.

Son esos mismos boxeadores los que hablan de Muhammad Ali, los que lo admiran, lo alaban y en alguna ocasión lo critican. Relatan sus enfrentamientos contra él, muchas veces poniendo más énfasis en los combates dialécticos que en los físicos. Se ve a estos pesos pesados como auténticos niños, frágiles y resquebrajados por la vida, que los ha golpeado como ningún boxeador lo ha hecho antes.

La historia —para bien o para mal— la construyen los hombres. Pero no todos —al revés: muy pocos. Tipos que hacen de diques, cambiando el curso de la humanidad en algún grado, echándose la historia al hombro, pasándose por el culo el pasado y definiendo el futuro a su antojo. El siglo veinte engendró de estos hombres como ningún otro siglo. Cantidad de ellos. Pero hay uno —más que ninguno— que genera un reconocimiento unánime, una valorización transversal. Uno solo, al que hasta sus enemigos le rinden homenaje: MUHAMMAD ALI. El más grande.




«Soy tan rápido que anoche apagué la luz y me metí a la cama antes de que la pieza estuviera oscura».

¿Cómo fue que un negro como tantos otros negros, nacido en el estado de Kentucky en 1942, víctima y espectador del racismo y la segregación más dura y establecida, hijo de un pintor de carteles y de una empleada doméstica, se transformó en el atleta más grande de todos los tiempos? Eso no se responde en FACING ALI (disponible donde tú sabes), un documental sobre los que alguna vez enfrentaron al Campeón, pero lo mismo es una muy buena pregunta.

«No soy el más grande; soy más grande que el más grande. No solamente los noqueo: también elijo el round».

No puede haber mejor distinción que la hecha por los adversarios. Cuando son los oponentes quienes reconocen a Ali como el más grande de todos, como aquel que no sólo eran un enorme boxeador muy difícil de batir sino además la mejor persona, el que hizo del boxeo un deporte de trascendencia mundial y el que consiguió además sacar la voz por los afroamericanos y sus derechos, ahí es cuando queda todo dicho.

«Luché contra un cocodrilo, forcejé con una ballena; esposé a un rayo y encarcelé a un trueno; solamente la semana pasada maté a una roca, lesioné a una piedra, hospitalicé a un ladrillo. Soy tan malo que hago enfermar a la medicina».

Dirigido por Pete McCormack, Facing Ali no es simplemente un documental que celebra a Muhammad y sus proezas: es un profundo relato sobre cómo el boxeo cambió las vidas de quienes lo ejercieron, de las secuelas que pudo dejar físicamente pero también de las oportunidades que entregó a los peleadores. Un deporte que normalmente es visto como uno de brutos y animales, sin mucho arte más que el de pegar y que no te peguen, acá es puesto en el sitio que le corresponde: una disciplina de esfuerzo, entrenamiento constante, mucho coraje y más huevos.

«No, no me voy a ir a 10 mil millas de casa para ayudar a matar y quemar otro pobre país, simplemente para seguir con la dominación de los amos blancos sobre las personas morenas de este mundo. Este es el día en que todos estos males terminarán. Me advirtieron que tomar esta posición me va a costar millones de dólares. Pero lo dije una vez y lo diré de nuevo: el verdadero enemigo de mi pueblo está aquí. No deshonraré mi religión ni mi pueblo ni a mí mismo siendo un instrumento para esclavizar a aquellos que pelean por su propia justicia, libertad e igualdad. Si pensara que la guerra va a traer libertad e igualdad a 22 millones de mi gente, no me tendrían ni que haber seleccionado: me voy mañana a pelear. No tengo nada que perder defendiendo lo que creo. Iré a la cárcel, ¿y qué? Hemos estado en la cárcel 400 años».




«Joe Frazier es tan feo que cuando llora, las lágrimas se le devuelven».

La historia la construyen los hombres: los hombres como MUHAMMAD ALI. Alguna vez se llamó Cassius Clay Jr., pero ese era un nombre de esclavo y él se ganó la libertad en el ring. Se negó a ir a Vietnam y le quitaron el título mundial y su licencia para pelear: tres años exiliado del boxeo, entrenando solo como un paria. No se calló nunca la boca y dijo lo que había que decir y más: que era el mejor y el más bonito, que nunca hubo ni habrá nadie como él, que hablaba con dios todos los días, QUE FLOTABA COMO UNA MARIPOSA Y QUE PICABA COMO UNA ABEJA. Pero mucho más que sacarle brillo a la estatua de Ali, el documental prende una luz en los viejos campeones olvidados, aquellos grandes que hicieron grande al Más Grande.


Clip - trailer:




FOTOGRAMAS - MUHAMMAD ALÍ: IMPOSSIBLE IS NOTHING (Campaña publicitaria de Adidas, 2012)







<<"Imposible” es sólo una palabra que usan los hombres débiles para vivir fácilmente en el mundo que se les dio, sin atreverse a explorar el poder que tienen para cambiarlo. “Imposible” no es un hecho, es una opinión. “Imposible” no es una declaración, es un reto. “Imposible” es potencial. “Imposible” es Temporal, “Imposible” no es nada…

“Algunas personas sólo se escuchan a si mismas, en lugar de escuchar lo que dicen los demás. Estas personas no pasan frecuentemente por nuestras vidas, pero cuando lo hacen, nos recuerdan que cuando te propones algo y aunque las críticas te hagan dudar, está bien creer que no existe el ‘no se puede’, el ‘no me atrevo’ o el ‘imposible’. Nos recuerdan que está bien creer que nada es imposible”.>>





Si escuchan la frase “Impossible is Nothing” (nada es imposible) pensaran en una campaña publicitaria de una empresa de ropa deportiva, recordaran la marca Adidas. Efectivamente Impossible is Nothing pertenece a la campaña que lanzó el fabricante de ropa y calzado deportivo en el año 2004. El primer protagonista de la campaña, fue  Muhammad Ali al que se unieron, en un anuncio televisivo, grandes atletas como el nadador Ian Thorpe; el campeón olímpico de 100 metros planos Maurice Greene o los futbolistas Zidane y David Beckham. 

En sus días fue una campaña muy inspiradora y con un mensaje determinante que nos transmitió al mundo: Nada es imposible, la mayoría de las cosas que vemos como imposibles, suelen ser posibles si nos centramos con la suficiente determinación en conseguirlas. Cuando estamos diciendo que algo es imposible estamos matando un millón de posibilidades de convertirlo en posible.



Clip - publicidad:


FOTOGRAMAS - Muhammad Ali, utilizando métodos de entrenamiento bajo el agua (Miami, 1961)



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Muhammad Ali entrenando bajo el agua en Miami en una piscina del hotel Pool en 1961, previo a su combate versus su otrora rival amateur Alex Miteff. El boxeador estadounidense es considerado uno de los mejores de todos los tiempos. Su papel en el panorama social y político de la época fue muy importante para la comunidad afroamericana.




miércoles, 26 de agosto de 2015

ESPECIALES BOXEO - SOY RINGO (de José Luis Nacci, 2015)










Ringo está vivo: Bonavena sigue vigente.
El documental "Soy Ringo" confirma la vigencia de un personaje de la cultura popular argentina.
Actualizado el 11 de mayo de 2015 // Carlos Irusta Por Carlos Irusta
Archivo: ESPNDeportes.com


BUENOS AIRES -- Alguien dijo que si Bonavena no hubiera existido, deberían haberlo inventado. Tal vez la frase no sea demasiado original, porque se ha aplicado también a otros personajes, pero está lograda. A lo sumo, habría que agregar que, en realidad, más allá de que Oscar Natalio Bonavena existió, fue él quien inventó a Ringo, el personaje hablador, simpático, alocado, mediático y por momentos extravagante, que encontró el boxeo su camino para vivir para siempre. Aunque haya muerto a los 33.

De eso de trata "Soy Ringo", de José Luis Nacci, estrenada esta semana en el cine Gaumont de Buenos Aires. La búsqueda y la investigación de la vida de quien fue campeón argentino de los pesos pesados, cantante ("Soy un actor", agregó), (auto) publicista y que terminó asesinado de un traicionero balazo al corazón en la puerta de un burdel de Reno.

Polémico. Explosivo. Ocurrente. Distinto. Le dio al boxeo argentino una cuota de irreverencia, espectáculo y humor que convirtieron a ese cóctel en algo único. Habrá un antes y un después de Oscar Natalio Bonavena, a quien su madre llamaba "Titi" y a quien todos recuerdan como Ringo, el hombre que estuvo enfrente del gran Muhammad Alí y que murió cobardemente asesinado en la puerta de un burdel en Nevada. 

Hoy su historia llega al cine a través de un documental, "Soy Ringo" que promete ser un documento de su vida, su misterio y sus anécdotas. En total fueron trece entrevistados, incluyendo a los dos periodistas que primero se acercaron a su cuerpo muerto: Alberto Oliva y Juan Larena, ambos corresponsales de sus medios en los Estados Unidos. La historia y la cámara se mueven entre el Harra's -el último casino en donde estuvo jugando hasta la hora de su muerte-, y el Luna Park, pasando por las calles de su barrio, Parque Patricios.

Su médico personal, Roberto Paladino y su amigo El Bambino Veira aportan sus vivencias y recuerdos. Y -entre otros- están los íntimos testimonios de sus hijos, Ringuito y Adriana. Como así también de periodistas que lo trataron personalmente como Ernesto Cherquis Bialo y Carlos Irusta. Sin embargo, hay un testimonio que no puede dejar de ser destacado y es de José Menno, recientemente fallecido, que fue su sparring, su amigo y que analiza la pelea con Alí, como si estuviera en vivo...

La película es un documental pero tiene una fuerte impronta policial. Muestra la vida deportiva de Ringo y sus principales peleas pero también su costado artístico e histriónico. El eje vertebral de la narración es la muerte de Ringo y la relación con Conforte. "Dura una hora y 46 minutos, y empezó a escribirse en el año 2008 -cuenta su director, José Luis Nacci-. En el año 2010 se empezaron a filmar las entrevistas. Un año después, el INCAA nos otorgó un subsidio para realizarla. En el 2012 se hizo un viaje a los Estados Unidos y en el año 2014 se estrenó en el BAFICI. Fue presentada en el Festival de cine de Punta del Este; en el Festival de Cine en La Habana, en el Festival de Cine en Brasil y en el Festival de Cine Leonardo Favio, en Bolívar. En abril de 2015 la película recibió el Primer Premio al largometraje en el Festival de Cine Deportivo en Wilde, Provincia de Buenos Aires", afirma.

José Luis Nacci estudió en el Instituto Nacional de Cine cuando se llamaba CERC (ahora ENERC)... y se recibió de director de cine en 1989. Es docente en escuelas de Cine. Fue colaborador de guión en películas como "Una mujer sucede" de Pablo Bucca y e "Infancia Clandestina" y "Los próximos pasados". 

"Bonavena es un personaje muy popular, muy querido, y al mismo tiempo un desafío como historia de vida... Del arrabal porteño a Nueva York y luego una muerte absurda que conmovió al país. Una tentación y un desafío que me persiguió durante muchos años y que ahora es realidad", afirma Nacci. Para la filmación se utilizan imágenes de archivo, imágenes High Definition y también otras filmadas en fílmico súper 8. También se muestran y utilizan dibujos como en el mundo de la criminología para ilustrar todo aquello que no se vio, como la noche de la muerte de Ringo.


"Pero más allá de las técnicas y la aproximación al misterio de su muerte, -define Nacci-. La película es, ante todo, muy emotiva, por el recuerdo de quienes lo conocieron, por la forma en que está contada y por las fuertes imágenes que se presentan. Sí, es -ante todo- una suma de algunos momentos de humor, pero también de otros de alta emotividad, como no podía ser de otra manera tratándose de Ringo...".  A través de fotos, recreaciones, dibujos, películas de época y sobre todo de testimonios (13 en total) se va armando un rompecabezas a lo largo de 1 hora y 46 minutos. Desde la infancia en Parque de los Patricios al asesinato en Reno, la película va y viene sin perder ni el orden y el ritmo, a través de un relato oral imprescindible, pausado y ordenado, apoyando las imágenes.

No es pues, una historia lineal, sino que está contada como nos enseñaron que narran las historias: yendo y viniendo. Pero si atrapan las imágenes de sus peleas, sus actuaciones con Pepe Biondi, los testimonios más íntimos (hablan sus dos hijos y uno de sus hermanos, además de periodistas y amigos), también es cierto que es imposible desprenderse de una pregunta sin respuestas: ¿Qué pasó en Reno? ¿Por qué, en lugar de conducir su auto hacia el aeropuerto y regresar a la Argentina, se fue a meter en un callejón sin salida, con destino de muerte?

Casi al borde de la intriga policial -si algo tiene la historia, es que está contada de tal manera que parece que el espectador pudiera cambiarla-, la investigación agrega a dos testigos poco conocidos como tales: los periodistas que fueron los primeros en llegar a Reno, apenas sucedida la muerte. Ambos vivían entonces en los Estados Unidos y aún residen allí. Alberto Oliva en su oficina en Nueva York y Juan Abraham Larena, en su casa cercana a Los Ángeles, aportan detalles casi ignorados y de primera mano: ellos estuvieron allí...

Y, de hecho, el propio Joe Conforte -quien seguramente ordenó disparar a matar- también "habla" gracias al ingenioso recurso de recorrer su autobiografía. Si la muerte de Ringo es una pieza fundamental de este documental, José Luis Nacci no olvida el fenómeno social y popular que representó la pelea de Bonavena con Muhammad Alí, y la mira y la remira desde todos los ángulos. Tal vez por eso sea necesario destacar el hallazgo de José Menno, quien fue sparring y amigo de Bonavena. Menno -fallecido antes del estreno y a quien se le dedica la producción-, describe el estilo de pelea de Ringo, da explicaciones técnicas que resultan sencillas pero muy atinadas y va comentando la pelea como si fuera en vivo, en ese momento.

Mezclar lo emotivo con la investigación objetiva no es fácil, pero Nacci lo logra. Sí, "Soy Ringo" demuestra que ese personaje hablador, sobrador y fanfarrón que inventó Bonavena, sigue vivo. Y, seguramente sin quererlo, se convirtió en uno de los símbolos de una época. 

Vale la pena verla. Los jóvenes la seguirán descubriendo al personaje. Los más veteranos, seguramente, saldrán bañados en el dulce y sencillo baño que puede dar la nostalgia...


Clip - Detrás de cámara de la película:





(*) Carlos Irusta Carlos Irusta es uno de los periodistas de boxeo más reconocidos de la Argentina. Actualmente, conduce en radio el programa Ring Side en el Aire los domingos por la noche en AM 910, La Red, y en TV es una de las voces de Noche de Combates por ESPN. Además dirige la revista Ring Side. Fue prosecretario de redacción de la revista El Gráfico. Para seguirlo en Twitter: @carlosirusta Consulta su archivo de columnas.

ARTÍCULOS BOXEO - EL LEGADO DE MARAVILLA MARTÍNEZ (14/6/2015) por Carlos Irusta








El legado de Maravilla
Con Sergio Martínez no se retira un campeón más: se cierra un ciclo brillante.
Actualizado el 14 de junio de 2015
Por Carlos Irusta // Archivo: ESPNDeportes.com

Sergio 'Maravilla' Martínez hace oficial su retiro del boxeo profesional.
Maravilla Martínez anunció su retiro desde Canastota: "Gracias a todos, me retiro"


CANASTOTA – Sergio Maravilla Martínez es una de las figuras de un espectáculo anual único, por el que desfilan las grandes figuras del ayer. El Salón de la Fama del Boxeo, en Canastota, Nueva York, lo tiene como uno de sus favoritos, aunque él no sea una figura del pasado. Tampoco lo es ya del presente.

Los ex campeones mundiales Riddick Bowe y Ray “Boom Boom” Mancini (Naseem Hamed, también inducido, no pudo viajar) estuvieron entre los selectos comensales que en la noche del sábado, escucharon sus palabras. Eso incluyó a un colega nuestro, hombre de ESPN ya legendario periodista Nigel Collins, director durante muchos años de la célebre revista “The Ring”, o el referí Steve Smoger o el promotor Rafael Mendoza, todos ellos también distinguidos por el Salón de la Fama de Canastota.
El retiro de Maravilla Martínez marcará una época para el boxeo argentino y latinoamericano, ya que con él se cierra un momento único, una parábola de vida y una historia diferente.

Los números dicen que Maravilla, a los 40 años, se va con un record de 56 peleas efectuadas, de las que ganó 51, 28 de ellas antes del límite, con 2 empates y 3 derrotas de las cuales dos fueron antes de lo pactado (Antonio Margarito y Miguel Cotto) y una caída por puntos ante Paul Williams, o sea que los tres fueron campeones mundiales. Maravilla nunca fue derrotado en Argentina…

Fue campeón mundial de los pesos medianos del WBC dos veces, sin haber perdido la corona en el ring. Primero, cuando venció a Kelly Pavlik (17 de abril, 2010, por puntos) y luego cuando, tras haber dejado la corona a pedido del propio WBC, debió volver a pelear con ella ante el mexicano Julio César Chávez, reconocido como campeón. Ese combate se realizó el 15 de septiembre de 2012 en Las Vegas. Una pelea que fue, también, una caravana mediática impresionante. Los duelos verbales entre ambos y la carga psicológica que Martínez descargó en los dos Chávez, padre e hijo, culminó en el ring de Las Vegas, cuando Maravilla ganó casi todos los asaltos de la pelea. El último, cuando anduvo por el suelo, le confirió a la pelea un matiz dramático extraordinario, porque permitió ver a un Martínez orgulloso y campeón que, en lugar de amarrarse, prefirió pelear hasta la campanada final. “Ese último round justifica una revancha”, nos dijimos todos, sin saber que, en realidad, el ciclo se estaba cerrando.

Aquella noche de Las Vegas fue el canto del cisne para el boxeador argentino, que nunca más volvió a ser el mismo. Problemas en las manos y básicamente en la rodilla derecha marcarían un inexorable y no deseado final.

Para ese momento, Maravilla venía de acaparar todos los comentarios y de aparecer en todas las pantallas de la televisión. Se convirtió en una celebridad en menos de un año, cuando participó en el programa de Marcelo Tinelli –el show más visto de la televisión argentina- en un concurso de baile. Eso le sirvió para llegar al público femenino. Y conquistarlo: elegante, buena presencia, un manera ligeramente madrileña para hablar, anteojos para tener un toque intelectual y por supuesto, un físico atlético.

Fue una jugada muy bien pensada, porque Martínez con todas sus condiciones pugilísticas y sus victorias indiscutibles, tenía un problema: llevaba casi diez años viviendo en Madrid y solamente los fanáticos del boxeo conocían su existencia –y sus tremendas cualidades boxísticas. Además de aquella victoria ante Pavlik habría que mencionar, por lo menos sus triunfos ante Alex Bulema en el 2008 y ese tremendo nocaut logrado frente a Paul Williams, de quien se tomó desquite al ponerlo en la lona en el segundo asalto, el 20 de noviembre de 2010, en lo que fue “El KO del año” para todos los expertos. La imagen de Williams cayendo boca abajo sobre la lona, totalmente conmocionado, recorrió el mundo: con un solo golpe, Martínez terminó de demostrar todo lo que podía dar…

Como muchos argentinos, Martínez se fue de su país en el año 2002, “Cansado de ser campeón argentino pero de tener que vivir a fideos hervidos. Un día decidí que eso no era para mí y con una valijita y un papel escrito a mano en un bolsillo, me fui a Europa”.

Maravilla relata esa historia en un stand up que el mismo escribió y que es su nueva actividad. “Hay que reinventarse permanentemente”, dice. “No se puede vivir de recuerdos”.

Lo del papel escrito a mano es cierto, claro. Un manager argentino, Juan Carlos Pradeiro, le dio el papelito: “Si vas a Madrid llámalo al Hueso Sarmiento”. Pablo Sarmiento, también boxeador y ganador en España, le consiguió trabajo de portero en una Disco. “Fui uno de los tantos indocumentados que parecen delincuentes porque no tienen como ganarse la vida decentemente”, dice Maravilla. “Un día decidí que con ser portero de una Disco, o lavando platos o dando clases de boxeo no servía. Y entonces volví al boxeo. Y eso cambió mi vida”.

Ganó en Inglaterra, siguió ganando en España, y, tras asociarse con Sampson Lewkowicz, fueron a dar con Lou DiBella y se le abrieron las puertas del boxeo norteamericano. Hoy, asociado con Miguel De Pablos –amigo y socio desde hace años-, ha comenzado a darle forma a “Maravilla Box”, promotora de espectáculos de boxeo.

Tal vez no sea el momento de detallar toda su historia.

Es el momento de ver la realidad con una lente panorámica. En Argentina se comenzaron a abrir gimnasios de boxeo con su nombre. Y esos gimnasios comenzaron a llenarse de jóvenes aspirantes, que lo emulaban no solamente con su forma de vestir, sino también de plantarse en el ring.

Con un estilo vistoso, pero por momentos desmañado y de brazos demasiado bajos y con guardia zurda, le dio al pugilismo argentino una tremenda inyección de esperanza, optimismo y espíritu ganador que hasta sus más enérgicos detractores (“La envidia es un impuesto al éxito”, decía el promotor Juan Carlos “Tito” Lectoure) debieron reconocerle.

Lanzó un libro que es más de autoayuda que biográfico. Encabezó diferentes comerciales. Protagonizó un documental sobre sus logros. Pero ante todo, demostró que un boxeador también puede ser un tipo elegante, de buena verba, que pregona, ante todo, las bondades del entrenamiento a fondo. “Me molesta mucho cuando me dicen que soy un boxeador diferente. Soy un boxeador, a secas. Me molesta más cuando me quieren comparar con Carlos Monzòn: no le llego ni a la suela de sus zapatos, aunque confieso que me parece fantástico poder lucir el cinturón que alguna vez lució Carlitos…”, dijo alguna vez.

Claro que el almanaque es el más inexorable de los rivales. Y no siempre el físico acompaña. Comenzaron los problemas en la rodilla derecha y, cuando enfrentó al británico Martin Murray en Vélez -27 de abril, 2013-, provocó diferentes sensaciones. Por un lado, convocó a más de 40 mil personas a pesar de la lluvia y el estadio abierto. Una marca que no se lograba en Buenos Aires desde el 27 de marzo de 1930, cuando Justo Suárez venció a Julio Mocoroa, por el campeonato argentino de los ligeros, en el viejo estadio de River. Asistieron espectadores de todas las edades y por supuesto, muchas mujeres. Todo el país estuvo pendiente de ese combate. Pero quedaría una amarga sensación final, cuando tras andar por la lona, el argentino ganó por puntos en un ajustado fallo, en donde Murray realmente había sumado breves pero justas diferencias.

Martínez, a quien llegaron a considerar “mejor que Carlos Monzón”, pasó a ser un “Paquete al que le regalan las peleas”, algo propio y natural en el argentino, que necesita siempre la confrontación de marcas, equipos de fútbol o políticos.

Algo quedó en claro: ya no era el mismo. Una mano rota, la rodilla con problemas… Quedaba la noche de Miguel Cotto, el 7 de junio del año pasado, en el Madison. Y, aunque juró y perjuró que estaba bien, esa noche Martínez cayó varias veces y en una triste noche, terminó sentado en su esquina, obligado a no seguir por su técnico, Pablo Sarmiento: fue, sin duda, más que una noche triste, una noche negra, en donde el almanaque se le cayó encima y las dolencias no le dieron ninguna chance.

Se veía venir el final, no podía ser de otra manera. El físico no ofrecía respuestas. “Cuando en el equipo de un boxeador el médico es el personaje más importante, algo anda mal”, nos dijo, en una charla de hace un mes, cuando estuvo en Buenos Aires presentando sus stand ups. “Pero no me retiren antes de tiempo, cuando sea el momento lo voy a decir yo”, se apresuró a declarar, desmintiendo así una nota periodística que ya lo daba por retirado.

Seguramente por diferentes compromisos, que incluyen su contrato con HBO, fueron demorando el anuncio oficial de su abandono. Un retiro del boxeo que era, ante todo, una necesidad física imparable.

Se va Maravilla, pero deja el recuerdo fresco de sus grandes victorias, sus apariciones en la televisión, su show mediático y pugilístico con Julito Chávez –incluyendo la clase de boxeo que le dio-, sus cinturones de campeón y su tono madrileño. Tal vez sea el momento de decirle en nombre del boxeo argentino: gracias por todo, campeón.

Gracias por todo…


(*) Carlos Irusta es uno de los periodistas de boxeo más reconocidos de la Argentina. Actualmente, conduce en radio el programa Ring Side en el Aire los domingos por la noche en AM 910, La Red, y en TV es una de las voces de Noche de Combates por ESPN. Además dirige la revista Ring Side. Fue prosecretario de redacción de la revista El Gráfico. 

ESPECIALES - MARAVILLA, LA PELÍCULA (de Juan Pablo Cadaveira, 2014)








Archivo: Maravilla de película
Actualizado el 27 de mayo de 2014
Por Carlos Irusta - ESPNDeportes.com


Maravilla Martínez ya tiene su película. Y todo parece indicar que no será la única. En este caso, el tema es sencillo, directo y sin rodeos: se trata de contar todos los pormenores que llevaron al boxeador argentino hasta su combate por el campeonato mundial de los medianos frente al mexicano Julio César Chávez.

En Maravilla. La película no faltan, por cierto, los flashbacks y los hallazgos de archivos familiares, ya que aparecen escenas de sus peleas barriales o en la Federación Argentina de box, en donde la mala calidad de los videos cobra el valor del testimonio. Incluyendo por allí, hasta alguna frase llena de esperanzas en el futuro o algún titular bastante crítico de un diario...

Las cámaras tuvieron que viajar bastante. "Teníamos que ir o a Madrid, o a Las Vegas, o a Nueva York, o a Oxnard, y no siempre había agenda", comentó su director, Juan Pablo Cadaveira, debutante en estas lides. Sucede que, como esas historias que se han escuchado muchas veces, éste es un compacto ordenado y cronológico de las negociaciones y de la organización de la pelea.

Pero -eso si- con alto el impacto documental de haber estado en forma directa en los escenarios. Así, la fuerte discusión entre Lou DiBella y José Sulaimán, ya fallecido y por entonces presidente del Consejo Mundial de Boxeo, en el seno de un congreso del CMB, tiene el impacto de hacer sentir al espectador ahí adentro y captar la tensión que se desprende de cada palabra. De la misma manera en que se puede respirar la expectativa y la calma que precede a las tormentas mientras Maravilla espera a Chávez en su vestuario...

En forma paralela está la otra historia, narrada a través de sus padres y de sus hermanos y tíos -quienes lo iniciaron en el boxeo-: la historia de aquellos años iniciales, cuando quería triunfar con los guantes puestos. O de aquellos otros, decisivos, cuando decidió dejar el país para radicarse en España. Fue allí cuando su carrera comenzó a asentarse, luego de un fallido intento en Las Vegas, cuando perdió frente al mexicano Antonio Margarito...

La película termina a toda orquesta, con una cámara puesta en la misma casa de la familia de Maravilla, siguiendo la pelea con Chávez, y la otra mostrando el combate.... El montaje entre lo que pasa en uno y otro lugar, o sea Quilmes y Las Vegas, muestra rostros desencajados o alegres, según el momento -doña Susana, la mamá del boxeador es el principal foco de atención en Quilmes, el rincón de Martínez durante los descansos en Las Vegas- apoyados por un sonido impactante y la contundencia de las imágenes directas. 

Dan Rafael, hombre de ESPN, es uno de los expertos que van dejando sus testimonios, los cuales muchas veces desnudan también la trastienda de los negocios del boxeo, explicando por qué nadie quería montar la pelea entre Martínez y Chávez. Y cómo y por qué, finalmente, Maravilla decidió hablar y provocar a su futuro rival hasta hacer vendible la pelea: convirtió a lo deportivo en un negocio y, cuando fue negocio, la pelea se hizo...

Testimonios y escenas familiares, material de archivo, y ante todo esa cuota de estar en presencia de un reality, en donde las cosas están sucediendo en tiempo real, le dan a la película un clima muy especial. Como dijo su director, "Sergio me preguntaba cuándo iba a terminar y yo le decía: la terminaré cuando seas campeón de nuevo, cuando le ganes a Chávez. Y, confieso que como hombre de cine, la pelea tuvo un clímax tan grande que hubiera sido, de poder elegirse, el final apropiado, con drama hasta en el último asalto". Impactante como las caídas de Paul Williams o el momento dramático de Sergio ante Chávez en el último asalto, la película seguramente será seguida con atención por los fanáticos del boxeo y de Maravilla, porque se trata de un cuidadoso seguimiento de un proceso. Y con un final de película...frente a lo que parece ser su Destino porque, como él mismo afirma, "Soy esclavo de mis sueños". Y, en este caso, el sueño es ganar. Ganar otra vez.


Clip - trailer:


martes, 25 de agosto de 2015

FOTOGRAMAS - RUBIN CARTER & DENZEL WASHINGTON ("El Huracán", 1999) de Norman Jewison



Instantánea: Rubin <<Hurricane>> Carter y Denzel Washington


Rubin Carter se abrió paso en la vida a puro golpe, y la vida lo golpeó de vuelta. Rubin Carter empezó a hacerse notar como un truhán, un hijo de la pobreza que a los 11 años atacó a un hombre con un cuchillo. La mayor parte de su juventud estuvo encerrado, resentido, y dispuesto a pasarle por encima a todos.

La historia del Huracán no tiene que ver con todo lo que hizo –especialmente lo malo, que fue mucho– sino con lo único que no hizo, por más que la sociedad dijera lo contrario. Rubin Carter no fue un asesino, pese a que el sistema de justicia de Nueva Jersey se empeñó en crucificarlo, al punto de condenarlo en dos juicios distintos por tres homicidios y mantenerlo en prisión por casi 20 años por esos crímenes que no cometió.

Al momento de su encarcelamiento, en 1967, Carter era una figura prominente, un tipo acostumbrado a los titulares y los reflectores. Su fama, como todo en la vida, se la ganó a puñetazos, pues tras dejar atrás sus años de delincuente juvenil se convirtió en boxeador profesional. Y fue ahí, sobre el cuadrilátero, que aquel pegador explosivo y fanfarrón se convirtió en el Huracán.

Al igual que casi todo el mundo, a Rubin no lo conocí hasta 1999, por medio de la película El Huracán . Desde entonces, cuando pienso en él lo primero que se me viene a la mente es la cara perfecta de Denzel Washington, mientras que de fondo escucho a Bob Dylan cantando “ here comes the story of the Hurricane”.

Hoy ya nadie lo discute: el Huracán fue a dar a la cárcel por el color de su piel, por su carácter desafiante, por creerse que podía llegar a ser el campeón mundial. La noche de los homicidios, el 17 de junio de 1966, él y su amigo John Artis resultaron los sospechosos perfectos. Luego, testigos mentirosos y una investigación motivada por el odio hicieron el resto.

Desde la cárcel, Rubin siguió peleando. Escribió una autobiografía, inspiró a Dylan a hacer una de sus primeras canciones protesta, y aprendió a combatir en los estratos judiciales. Finalmente, en 1985, un juez le dio la libertad y una sentida disculpa, pues a esas alturas su condena no solo estaba probada como un fraude, sino también como una vergüenza. Carter salió libre a los 48 años, sin boxeo pero con los puños en alto.



Hurricane (1975, Bob Dylan):

Disparos de pistola resuenan en la noche en el bar
Llega Patty Valentine desde el piso de arriba
Ve al encargado en un charco de sangre
Grita: “¡Dios mío, los han matado a todos!”
Aquí viene la historia del Huracán.
El hombre al que las autoridades culparon
De algo que nunca hizo
Lo pusieron en una celda de prisión, pero él pudo haber sido
el campeón del mundo.
Tres cuerpos allí tirados Patty ve
a otro hombre llamado Bello, andando por allí misteriosamente
“yo no lo hice”, dice él y levanta las manos
“estaba solamente robando la caja, espero que me comprendan
los vi irse” dice, y se detiene
“uno de nosotros mejor llama a la poli" y ellos entran en escena
con sus luces rojas centelleando
en la caliente noche de New Jersey.
Mientras tanto, muy lejos, en otra parte de la ciudad
Rubin Carter y un par de amigos van conduciendo por allí
El contendiente número uno para la corona de los pesos medios
No tenía ni idea de la clase de mierda que le iba a caer
Cuando un poli lo empujó a un lado del camino
Como la vez anterior y la vez anterior a esa
En Paterson así es como son las cosas
Si eres negro es mejor que no salgas a la calle
A menos que quieras caldear el ambiente.
A menos que quieras caldear el ambiente.
Alfred Bello tenía un socio y éste tenía un soplo para la pasma
El y Arthur Dexter Bradley habían salido para merodear
Dijo: “Vi a dos hombres huyendo, parecían pesos medios
Saltaron a un auto blanco con matrícula de otro estado”
Y la Srta. Patty Valentine simplemente asintió con la cabeza
El poli dijo: “Esperen un momento muchachos, este todavía no está muerto”
Así que lo llevaron al hospital
Y aunque este hombre apenas podía ver
Le dijeron que él podía identificar a los culpables.
Cuatro de la mañana y traen arrastrando a Rubin
Lo traen al hospital y lo llevan escaleras arriba
El hombre herido lo mira a través de su ojo moribundo
Dice: “¿Para qué lo traen?, este no es el tipo”
Sí, esta es la historia de Huracán
El hombre al que las autoridades culparon
De algo que nunca hizo
Lo pusieron en una celda de prisión, pero él pudo haber sido
El campeón del mundo.
Cuatro meses después, los ghettos están ardiendo
Rubin está en Sudamérica, peleando por su nombre
Mientras Arthur Dexter Bradley todavía está en el negocio del robo
Y la pasma le está apretando, buscan a alguien a quién culpar
“¿Recuerdas aquél asesinato en el bar?”
“¿Recuerdas que dijiste haber visto el coche en la huída?”
“¿Piensas que te gustaría jugar a la pelota con la ley?”
“¿Crees que pudo haber sido aquél boxeador el que viste huir aquella noche?”
“No olvides que eres blanco”
Arthur Dexter Bradley dijo: “Realmente no estoy seguro”
“Los polis dijeron: “A un pobre chico como tu le vendría muy bien una oportunidad”
Te tenemos por el trabajo del Motel y estamos hablando con tu amigo Bello
No querrás volver a la cárcel, así que sé buen chico
Le harás un favor a la sociedad
El hijo de puta es bravo y se pone más bravo
Queremos moverle el culo
Queremos clavarle este triple asesinato a él
El no es “Gentleman Jim”.
Rubin podía noquear a un hombre con un solo golpe
Pero a él no le gustó hablar mucho de eso
“Es mi trabajo”, decía, “y lo hago por dinero
Y en cuanto termino en seguida me pongo en marcha
A un paraíso donde fluye la corriente y las truchas y el aire es delicioso
Y doy un paseo a caballo por el campo”
Pero entonces lo llevaron a la cárcel
Donde intentan trasformar un hombre en un ratón.
Todas las cartas de Rubin estaban marcadas de antemano
El juicio fue un circo de cerdos, él nunca tuvo una oportunidad
El juez hizo aparecer a los testigos de Rubin como borrachines de los bajos fondos
Para la gente blanca que miraba él era un vago revolucionario
Y para la gente de color él era solamente un negro loco
Nadie dudó de que él había apretado el gatillo
Y aunque no pudieron presentar el arma
El D. A. (Fiscal del distrito) dijo que él era el autor del hecho
Y el jurado de blancos estuvo de acuerdo.
Rubin Carter fue falsamente enjuiciado
El crimen fue asesinato en primer grado, ¿adivinan quién testificó?
Bello y Bradley y los dos mintieron descaradamente
Y los periódicos, siguieron todos la corriente
¿Cómo puede la vida de un hombre como ese estar en la palma de la
mano de algún truhán?
Verlo tan obviamente entrampado
No puedo evitar avergonzarme de vivir en un país
Donde la justicia es un juego.
Ahora todos los criminales con sus trajes y corbatas
Están libres para beber martinis y mirar el amanecer
Mientras Rubin se sienta como Buda en una celda de diez pies
Un hombre inocente en un infierno viviente
Esa es la historia de el Huracán
Pero no terminará hasta que limpien su nombre
Y le devuelvan el tiempo que ha cumplido
Lo pusieron en la celda de una prisión, pero una vez pudo haber sido
El campeón del mundo.



GRANDES PELEAS - FLOYD MAYWEATHER vs. MANNY PACQUIAO (Las Vegas, 2/5/2015)









Una victoria sin brillo: Floyd Mayweather no lució pero marcó claras diferencias ante Manny Pacquiao.
Actualizado el 4 de mayo de 2015 // Por Carlos Irusta
Archivo: ESPNDeportes.com


EL PESAJE: Después del pesaje es cuando empieza la pelea. ¿Será así? Seguramente, porque llega el momento del descanso y también de la focalización en el combate, y el reloj comienza a trabajar en cuenta descendente. Ya las especulaciones quedan atrás y solamente resta esperar y repasar las estrategias. Ninguno tuvo problemas con la balanza. Si bien el límite de los welters es de 147 libras (66,678 kilogramos) ninguno de los dos es un medio mediano natural. Así que las 145 libras (65,800) de Manny y las 146 (66,200) de Floyd indican que, ante todo, ambos están buscando lo que puede ser uno de los elementos claves de cualquier pelea: la velocidad.

Sin velocidad no hay potencia y, en este caso, la potencia pertenece a Manny, pero también hay que cuidarse de la velocidad de Floyd porque a la hora de golpear, tiene una precisión de cirujano. El apoyo de la gente parece ser ligeramente mayoritario para Manny. De hecho no es ningún descubrimiento que Floyd es el villano mientras que el filipino, con su casi cándida sonrisa, es el bueno de la película.

Mientras en su vestimenta Floyd destaca la palabra "Money", en las prendas de Pacquiao aparece el nombre de Dios. ¿Esto influye en una pelea? No demasiado, más allá de que Manny diga que Dios está de su parte. Lo que efectivamente influye es que los roles, a la hora de cruzar guantes, ejercen diferentes presiones. Floyd, amplio favorito en la mirada de los expertos, es el que arriesga su invicto -una cualidad a la que él le tiene una muy especial devoción, puesto que su motor de siempre es salir victorioso, aún si sus peleas no son dramáticas-, mientras que Manny, por la misma razón no tiene tanto para perder.

Todo el ambiente insiste en un par de hechos fundamentales, casi básicos. Manny Pacquiao, acorde con su temperamento y con lo que manda una estrategia básica, tendrá que hacer todo el gasto del combate. Poniéndole una presión a su ataque como, por ejemplo, pudo ejercer Marcos Maidana en los primeros asaltos: sin darle espacios ni treguas a Floyd. Claro que dicha presión también tiene algunos límites. Si no logra meter sus manos en los primeros cinco asaltos, luego tendrá complicaciones. Para ello, Manny debería olvidarse de la cabeza y trabajar casi exclusivamente al cuerpo, para quitarle movilidad a Floyd.

Como cualquier boxeador de ataque, Manny se siente cómodo con aquel que acepta sus convites. Pero tendrá enfrente a uno de los boxeadores más elusivos de los últimos años, un rey de la defensa, un campeón que, por sobre todas las cosas, se ha especializado en esquivar los golpes. O barrerlos. O neutralizarlos. O dejarlos a mitad de camino con apenas girar su cabeza.

El tema es que no solamente hace ese ejercicio defensivo casi hasta la perfección, sino que, cuando lo desea, puede ejercer muy bien el contragolpe. Ya quedó en claro que, aunque el combate pueda ser aburrido, él no se sale de su libreto, que es el de ganar sin recibir golpes. Si Pacquiao sabe que tiene que ejercer presión, Floyd también lo conoce. Y, seguramente, no cometerá el error en el que cayó en la primera confrontación con Maidana y saldrá desde el primer campanazo a hacer un trabajo defensivo, amparado en sus prodigiosas piernas.

Doble tarea para Manny, se entiende, porque tendrá que hacer todo el gasto para achicar los espacios. Es cierto que los boxeadores zurdos pueden poner en problemas a los oponentes, pero por allí se nos cruza una idea: ¿Saldrá Manny con guardia zurda, esto es con la derecha extendida? Generalmente, los zurdos reciben con mucha facilidad la derecha en recto del rival -un golpe que Floyd lanza a la perfección- pero también tienen problemas cuando sus rivales les giran al revés, esto es alejándose del recorrido de la izquierda y anulando esa mano.

Marvin Hagler cambió su guardia, cuando tuvo que combatir con Ray Leonard, pero "No nos sorprendió, estábamos preparados para cualquier cosa", expresó Angelo Dundee, el técnico de SRL.

Es casi obvio que, en la esquina de Floyd también hay más de un plan B. La búsqueda de la pelea deberá ser sin grandes desplazamientos para Manny, puesto que necesitará afirmarse un poco más en la lona que otras peleas, nos parece, para darle más solidez a su trabajo, especialmente si piensa hacerlo al cuerpo.

El planteamiento queda abierto y tal vez luzca primario, pero mientras Floyd puede tener un plan A o B, Manny tendrá que hacer el gasto: no lo vemos ganando la pelea con solamente boxear ante un maestro esquivo como Floyd.

Hay un elemento que dejamos para el final, porque sigue siendo un gran interrogante para nosotros: aquel nocaut sufrido frente a Juan Manuel Márquez en 2012, cuando sufrió una caída primero en el tercero y luego al final, en el sexto...

Mientras Floyd ha recibido muy pocos golpes netos en su carrera, el filipino ha sostenido tremendas batallas con rivales de la envergadura de Marco Antonio Barrera, Erik Morales o el ya mencionado Juan Manuel Márquez, para dar solamente tres nombres ilustres.

Si aquella derrota ha dejado una secuela o no, es algo que tendremos que ver este sábado, ya que luego de esa derrota, Manny no tuvo demasiados problemas con sus siguientes rivales, como lo fueron Brandon Ríos, Tim Bradley o Chris Algieri.

La pelea debería haberse realizado hace unos cuantos años. Paradojalmente, hoy Floyd tiene como preparador físico a Alex Ariza, quien trabajó mucho tiempo con Manny. ¿Una elección que influya en el ánimo del filipino?

Sea como sea, es la pelea más esperada de los últimos años, es la pelea récord en ingreso de millones de dólares, es la pelea que conmueve al mundo. Y, ahora, cuando ha transcurrido el pesaje, mientras Floyd sigue siendo el favorito de la mayoría y Manny parece ser el elegido por la gente, ha comenzado el momento de enfocarse en el combate, esperando la campana para saber quién es el mejor, quien soporta más la presión, quien tiene más en claro el objetivo.

Todo parece favorecer a Floyd, pero esto es boxeo.




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LA PELEA: Ya pasó todo. Y la victoria de Floyd Mayweather, por puntos, unánime, sin discusiones, sobre Manny Pacquiao, deja elementos para la polémica, el análisis y hasta le abre la puerta a la nostalgia, una de las principales y más valoradas cartas del boxeo.
Antes de la pelea se preguntaban muchos si ésta era la más grande de todas. Y la respuesta, obviamente, fue siempre la misma: "Es la más grande desde un punto de vista económico. Imbatible por ahora. Eso sí, su lugar en la historia se sabrá con la campanada final y nunca antes".

Es como aquellas súper producciones de Hollywood que han tenido presupuestos millonarios y luego fracasaron en los dos frentes: el de la taquilla y de los críticos. Acá se puede decir que sucedió algo parecido.

Se podrá afirmar que, en los números, la estadística y hasta en la cantidad de celebridades asistentes, fue extraordinaria. Pero en lo que hace a la substancia boxística, no fue mucho más que un combate entretenido, o cambiante, pero no mucho más. Las grandes peleas son recordadas por su épica, por su dramatismo o por sus resultados increíbles.

LaMotta perdió por nocaut técnico ante Ray Robinson. Y, colgado de las sogas, se quedó diciéndole a Sugar: "No me pudiste voltear, estoy de pie". Muhammad Ali perdió con Joe Frazier en el Madison tras sufrir tremenda caída, pero se paró y continuó. Lo mismo que hizo en la tercera, en Manila, solo que, en esta ocasión, el que no pudo ponerse de pie fue Joe... Julio Cesar Chávez, con la pelea perdida, la definió en el último segundo frente a Meldrick Taylor. Juan Manuel Márquez con una derecha tremenda, demolió a Manny Pacquiao en un nocaut para la historia. Estamos citando ejemplos extraordinarios, se entiende. Ray Leonard, consciente de que se lo trataba como un "invento de la televisión" decidió plantarse cara a cara con Roberto Durán y terminó perdiendo por puntos. Y, cuando sonó la primera campanada, Marvelous Hagler estremeció al mundo con su ataque despiadado sobre Thomas Hearns. Y luego, al verse cortado, Hagler antes de que pudieran detenerla, terminó arrollando a su rival en un combate que también será inolvidable.

Cada lector aportará, seguramente, otros ejemplos: no es la intención, en esta nota, hacer un inventario. Manny Pacquiao ha tenido tremendas batallas con peleadores como Juan Manuel Márquez, Erik Morales, Marco Antonio Barrera. Su cuota de épica, coraje y sangre guerrera no podría ni empezar a discutirse.

Floyd Mayweather, por estilo, por mentalidad y hasta por gusto, es otra clase de boxeador. Y nadie debería reprocharle su inteligencia, su talento y su clase defensiva, de primer nivel. Eso sí: nunca debió sufrir demasiado -más allá de aquella primera pelea con José Luis Castillo- y tampoco hizo nada para estremecer al corazón de los aficionados: después de todo, esto es boxeo. Cada cual ejecuta el instrumento que domina o que siente, y si Floyd vive el boxeo de esa manera, es cosa de él.

Nadie niega ni su talento ni sus condiciones, pero que se nos permita afirmar que los grandes campeones han sido no los que acumularon solamente victorias: son los que han sabido sufrir y sobreponerse a la adversidad. Tal vez por todo su talento, Floyd no necesitó nunca resurgir de las cenizas. No es su culpa ni su responsabilidad.

Pero... también es cierto que este sábado, en esta mega pelea, solamente mostró su capacidad de ataque y de llegada en el 11er round, como si solamente hiciera falta apenas una muestra de lo que es capaz. Manny, empeñoso como siempre, avanzó en línea recta, conectando más golpes en los antebrazos de Floyd que en puntos vitales y se olvidó de trabajar al cuerpo. Floyd, con su soberbio talento, lanzó golpes netos, pero con displicencia y sin la continuidad que -justamente por su talento- se le podría reclamar.

Engañosa compañera de viaje es la nostalgia, una "Prima Donna" para los aficionados al boxeo. Parece que todo tiempo pasado fue mejor y no es asi. Pero... luego de una pelea como ésta, se hace cuesta arriba no mirar hacia atrás y recordar a los Hagler, Leonard, Hearns o Durán. La historia pondrá a ambos en su lugar.

Seguramente, Manny ocupará un sitio entre los grandes guerreros. Floyd quedará, al menos por lo que hizo hasta ahora, como un extraordinario boxeador que jamás pudo conmover el corazón de los aficionados.

Clip - Highlights de la pelea:





(*) Carlos Irusta Carlos Irusta es uno de los periodistas de boxeo más reconocidos de la Argentina. Actualmente, conduce en radio el programa Ring Side en el Aire los domingos por la noche en AM 910, La Red, y en TV es una de las voces de Noche de Combates por ESPN. Además dirige la revista Ring Side. Fue prosecretario de redacción de la revista El Gráfico. Para seguirlo en Twitter: @carlosirusta Consulta su archivo de columnas.