viernes, 3 de mayo de 2013

GRANDES PELEAS - OSCAR DE LA HOYA vs. MANNY PACQUIAO (Las Vegas, 2008)





LA FURIA Y LA SOMBRA


Las multitudes que criticaron esta pelea entre Oscar De La Hoya y Manny Pacquiao como una pelea despareja estaban en lo cierto. Pero la pelea no terminó siendo despareja hacia el lado que ellos esperaban. No fue así. De La Hoya, el boxeador más grande por naturaleza, un hombre que había combatido entre las 130 y las 160 libras y había ganado títulos en las seis divisiones entre esos dos extremos de la balanza, no se anotó una victoria fácil. Es más, ni siquiera anotó una victoria difícil. 

En lugar de eso, recibió una buena paliza que lo llevó por todo el ring durante ocho asaltos de abuso sin fin. Cuando concluyó, fue apenas la sombra de De La Hoya, con su ojo izquierdo hinchado, la que se retiró en su banquillo al final del octavo asalto, cuando su entrenador tiró la toalla este sábado por la noche ante una multitud de 15.000 personas agolpadas en el MGM Grand.

Pacquiao, encarnado en Goliat, había derrotado a De La Hoya, el vencido David, a quien quizás nunca más veamos pisar un ring, después de ser destruido por el tornado filipino, el mejor boxeador del mundo libra por libra de su momento. Manny es héroe en su país, que se hizo profesional en las 106 libras y ganó títulos en las 112, 122, 126, 130 y 135 libras antes de saltar dos divisiones para enfrentar a De La Hoya en la categoría de las 147 libras. Los críticos de esta pelea en el peso welter -una idea concebida el año pasado por el periodista de HBO Larry Merchant- la descalificaron como una broma. 

Pacquiao, quien apenas había tenido un solo combate en las 135 libras a comienzos de año, era demasiado pequeño para De La Hoya, dijeron. Veremos qué es lo que dicen ahora. Pacquiao fue magistral, y castigó a De La Hoya con brutales rectas de izquierda toda la noche. Su velocidad fue impresionante ante un De La Hoya que pareció una estatua, y el rostro del "Niño de Oro", de 35 años, lució muy golpeado cuando el combate finalmente concluyó. 

Fue tan duro para De La Hoya que en el séptimo asalto Pacquiao conectó 45 golpes de poder, nada menos. De La Hoya (concluyendo en 39-6, 30 KOs) fue incapaz de lanzar sus golpes como lo había estado haciendo siempre, y la diferencia en velocidad entre ambos púgiles fue extraordinaria. Pacquiao (ascendiendo a 47-4-2, 35 KOs) lanzaba combinaciones de cuatro y cinco golpes, y De La Hoya solamente respondía con golpes esporádicos. 

El legado de De La Hoya estaba sellado mucho antes de su derrota, pero fue triste verlo recibir semejante paliza. Ese estilo fue simplemente el mismo que hemos visto durante años: una ola apabullante y continua de movimiento, Oscar bebiò de su propia medicina, en una carrera profesional estirada un tanto màs de lo debido, el ex-multimcamopeòn de ascendencia azteca nunca fue el mismo luego que Hopkins lo desmantelara para retener su tìtulo mediano en 2004.

Por su parte, la victoria hace que Pacquiao se transforme en una especie de Henry Armstrong moderno. Aquel legendario boxeador, uno de los mejores de todos los tiempos libra por libra, ganó durante el transcurso de diez meses (octubre de 1937 y agosto 1938) los títulos de peso pluma, welter y ligero, en una época en que habían solamente ocho divisiones. En la otra esquina, la notable carrera de De la Hoya habìa acabado.


Clip - pelea completa:

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada