sábado, 16 de febrero de 2013

GRANDES PELEAS - SUGAR RAY ROBINSON vs. JAKE LAMOTTA, parte I (1942-1945)







LA SAGA INTERMINABLE







"El dolor no significaba nada para mí. Iba al dentista sin anestesia. Me sentaba allí y me decía a mí mismo ‘no hay dolor, no hay dolor’. Y no lo sentía". LaMotta no conocía el dolor, pero no conseguía entrar en el ‘top’ de los mejores boxeadores del país. Necesitaba un plus. Entonces se cruzó en su camino Ray ‘Sugar’ Robinson, el mejor boxeador de la historia, libra por libra.


La primera pelea contra "Sugar" Ray Robinson tuvo lugar en 1942 en el Madison Square Garden de Nueva York. Lamotta, descuidado por la fama, se presentó en la váscula más pesado de lo habitual y terminó pagando el sobrepeso en forma de fatiga. Robinson le castigó con su famoso uno-dos y terminó ganando aquel combate a los puntos.


Aquella derrota supuso un punto de inflexión en la carra de Jake Lamotta. Avergonzado por su falta de profesionalidad, trabajó a tope para volver a los primeros lugares del ranking y se citó de nuevo con Robinson en Detroit el cinco de febrero de 1943. Aquella pelea fue colosal; Lamotta aguantó en pie el castigo de Robinson y se lanzó a un intercambio de golpes suicida. En el penúltimo asalto, con las cartulinas de los jueces echando humo, El toro del Bronx descargó un gancho de izquierda brutal sobre la mandíbula de Robinson. 

El ídolo de masas, el profeta del pueblo negro americano, cayó desplomado a la lona y se enfrentó sin remedio a la cuenta fatídica de diez. No llegó a completarse porque la campana sonó cuando el árbitro iba por el nueve. Pero Lamotta sabía que Robinson no podía seguir teniendo tanta suerte y, aprovechando su aturdimiento, se propuso castigarle con un último asalto bestial. Robinson aguantó de pie, pero los jueces impartieron objetividad y dieron como ganador a Lamotta quien celebraba la victoria en la esquina mientras Ray Robinson mascaba el sabor de la derrota por primera vez en su carrera.

La federación de boxeo, viendo el filón económico que suponía la rivalidad generada entre Robinson y Lamotta, no tardó en conceer una nueva oportunidad para la revancha. Veintiún días después, y de nuevo en Detroit, ambos púgiles volvían a subirse al ring para ofrecer un nuevo espectáculo. Robinson, con la lección bien aprendida por la derrota anterior, mantuvo a distancia a Lamotta mientras castigaba su rostro con su rápido uno-dos. Los espectadores que abarrotaban, una vez más, el Olympia Stadium, se preguntaban cuando llegaría el gran golpe de Lamotta. No tuvieron que esperar tanto como la última vez; esta vez fue en el séptimo asalto y de nuevo fue un gancho de izquierda a la mandíbula. 

Como si de una mala broma del destino se tratase, una vez más, a Robinson le salvó la campana cuando la cuenta iba por el número nueve. Con mucho más tiempo para recuperarse que en el combate anterior, Robinson se abrazó a Lamotta para dejar pasar el octavo asalto y recuperó fuerzas para seguir castigando su rostro sin piedad. Los jueces, de nuevo imparciales, dieron la victoria a "Sugar" por unanimidad y Lamotta bajaba del ring derrotado en el orgullo pero con todo el aliento de la grada en su espalda. Había nacido un nuevo héroe.
  
En 1945, Robinson y LaMotta volvieron a enfrentarse en dos ocasiones y en las dos, el vencedor fue Sugar. En cualquier combate, y contra cualquier rival, aquel Robinson pletórico hubiese finiquitado el combate en tres o cuatro asaltos a lo sumo, pero pelear contra Lamotta era distinto. Cuando peleaban contra el campeón, la mayoría de los boxeadores renunciaban al cuerpo a cuerpo y a menudo sucumbían, exhaustos, ante su juego de piernas. Robinson era un uno-dos constante, nunca se cansaba. 

Pero a LaMotta le divertía aquel juego; cuanto más le pegaba Robinson, más se crecía en la adversidad. No cesaba de entrar en la guardia, siempre buscando un golpe, siempre fajándose en el cuerpo a cuerpo. Robinson ganaba siempre a los puntos pero siempre bajaba del ring con la sensación de no haberle ganado del todo. Todos caían, pero Jake Lamotta siempre permanecía en pie.


Clips - fragmentos de peleas I, II y III:






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