lunes, 31 de diciembre de 2012

GRANDES PELEAS - MIKE TYSON vs. EVANDER HOLYFIELD, I y II (1996-1997)





ENFRENTANDO A SU NÉMESIS






Tras volver de la cárcel, en marzo de 1996 disputó el título del Consejo Mundial de Boxeo (WBC), contra el titular Frank Bruno y venció por KO técnico en tres asaltos. Con el título de la WBC en su poder Tyson quería otra vez la unificación y por ello en vez de defender el título ante Lennox Lewis se decantó por pelear contra el campeón de la WBA, Bruce Seldon. Por esta razón la WBC le retiró el cinturón que lo obtuvo Lewis después de una pelea ante Oliver McCall. Por tanto en el combate ante Seldon solo se disputaría el título WBA que volvió a ganar Tyson tras un k.o. en el primer asalto.

Entonces se produce la esperada unificación de títulos con Evander "Real Deal" Holyfield. El evento multimillonario se produjo el 9 de noviembre de ese mismo año 1996, en el MGM de Las Vegas y se llamó 'Finally', en español finalmente (NdR: en referencia al demorado encuentro que databa de 1990, entre cancelaciones, postergaciones y rumores acerca de que Tyson huía de Holyfield). El entonces bicampeón mundial perdió por KO técnico en once asaltos después de que el árbitro, Mitch Halpern, parase el combate (Tyson entonces también perdía a los puntos). Holyfield con la victoria hizo historia al ser la segunda persona en ganar el cinturón de campeón mundial de los pesos pesados en tres ocasiones. Al final del combate los técnicos de Tyson reclamaron que su protegido había recibido numerosos cabezazos de Holyfield que habían sido pasados por alto por el árbitro.

Por lo tanto se acordó una revancha entre los dos en el mismo escenario (MGM Grand Garden Arena), que se produjo el 28 de junio del año siguiente. En un principio el árbitro asignado era Halpern pero el equipo de Tyson protestó y finalmente se asignó el combate a Mills Lane. La pelea se tituló "The Sound and the Fury," y recibió todavía más atención que la anterior, Tyson recibió 30 millones de doles y Holyfield por su parte 35 millones que sería el record de dinero pagado a un profesional del boxeo hasta el 2007 cuando Óscar de la Hoya peleó ante Floyd Mayweather Jr... El combate también batió el record de pago por visión, ya que la pelea fue comprada por 1.99 millones de personas aunque el 5 de mayo fue batido otra vez por el combate entre De la Hoya y Mayweather.

La revancha fue calificada como una de las peleas más extrañas de la historia del pugilismo, al comienzo Holyfield fue sancionado por constantes cabezazos a Tyson y éste enfurecido fue descalificado en el tercer asalto por morder ambas orejas a Holyfield. El combate se había parado en una ocasión para atender la herida de Holyfield, que además le había restado puntos a Tyson, pero en la reanudación los constantes intentos de Tyson por morder nuevamente la oreja finalizaron la revancha. Entre el anuncio de la decisión de los jueces y el final de la pelea se generó una pelea con mucha gente involucrada dentro del cuadrilátero. Después del combate un trozo de oreja de Holyfield fue encontrado en el ring.

Después del incidente a Tyson se le restaron 3 millones de dolares del total pactado y dos días después se disculpó ante Holyfield por los hechos durante el combate. Tyson fue condenado por todos los medios de comunicación aunque tuvo algún defensor como la novelista y comentadora Katherine Dunn que escribió en una columna acerca de la poca deportividad que había demostrado Holyfield en el combate además de criticar a los medios de comunicación por no ser imparciales con Tyson. Años más tarde, en 2004, Holyfield declararía que había perdonado a Tyson por los actos del segundo combate.

El 9 de julio de 1997 la licencia de boxeo de Tyson fue revocada en el estado de Nevada por voto unánime y tuvo que pagar 3 millones de dolares por el pago de la cirugía en su oreja. El 18 de octubre de 1998 la comisión volvió a votar por devolver la licencia a Tyson y el resultado fue favorable por 4-1. Para entonces, la carrera de Tyson estaba una vez más en el limbo, mientras Holyifield cimentaba su figura de invencible campeón pesado; el último héroe americano de la categoría reina.


Clip - pelea 1996 completa:




Clip - pelea 1997 completa:



domingo, 30 de diciembre de 2012

PERFILES - GILLES VILLENEUVE (1950-1982)

    
CAMPEÓN SIN CORONA 



Se dice que ya destacaba de niño en los circuitos aunque no de Fórmula Uno sino de trineos de nieve a motor, modalidad en la que el canadiense llegó a proclamarse campeón del mundo con 19 años.

Una visión apresurada de su figura no dejaba translucir la fuerza que anidaba en su interior. Era menudo y delgado. Sus ojos traicionaban un rostro que parecía el de un tierno joven. Su mirada, normalmente melancólica, sufría una inmediata transformación cuando finalizaba su particular ritual de colocarse el casco. Sus ojos adquirían una brillante viveza, una mirada de determinación inenarrable. Alguien decía que poseía la "mirada que mata". 

Había dejado los nevados paisajes de Canadá y transformado el furor por las motos de nieve por la pasión por la velocidad en circuito. Las vecinas pistas de USA fueron testigos del fulgurante ascenso del menudo Gilles. La Can-Am y la Fórmula Atlantic fueron buenas pasarelas para que Gilles pudiera comenzar a emocionar al mundo.



El salto a la vieja Europa estaba cantado. Para el exclusivísimo mundo de la F1, este recién llegado era un desconocido más, un don nadie, que como otros intentaba alcanzar algo de notoriedad, un americano que procedía de los "trineos de nieve". Pocos podían suponer que Gilles, en su primer GP, iba a dominar a pilotos con más experiencia y máquinas muy superiores. Jochen Mass fue literalmente humillado por este joven que, con un viejo McLaren M23 rodaría en cuarta posición, por delante de los M26, mucho más eficaces. Sólo un problema con la instrumentación que, estropeada, marcaba una temperatura excesiva, evitó que se consumara un resultado que hubiera hecho justicia a una actuación sorprendente. En este GP de Gran Bretaña de 1977, se puede decir que comenzó a nacer la leyenda de Gilles Villeneuve.  

Cuando el aprecio mutuo que Lauda y Ferrari sentían se agotó, "Il Commendatore" tuvo que afrontar el problema de la sucesión del austriaco. La ruptura con Niki fue áspera y Enzo Ferrari necesitaba a alguien que sacara de la cabeza a los tifosi al "hebreo". Tenía una larga lista, pero a la cabeza de ella está el nombre de Gilles Villeneuve. Era una apuesta, un salto al vacío, pero "Il Drake" sentía que este canadiense desconocido, que tanto le impresionó en su primera salida con un coche de F1, era de una pasta especial. Lo llamó a Maranello y Gilles acudió sin dilación. 

Enzo quiso comprobar quién era este chico y le hizo pasar una prueba. Ferrari pudo comprender que había dado con un talento natural y decidió que debutase en las últimas carreras del año 1977. Su valentía era grande, pero la falta de experiencia y las prisas por recompensar la confianza que Enzo Ferrari había depositado en él, le hizo cometer algunos errores. El fogoso Villeneuve inició su andadura en F1 coleccionando trompos, salidas de pista y algún accidente.


En Japón, en Monte Fuji, Gilles se encontró con otro mastín del volante; Ronnie Peterson tampoco era un personaje que se amilanara fácilmente. Dos monoplazas luchan al final de recta, ninguno de los dos pilotos está dispuesto a ceder, sus ruedas viajan a centímetros unas de otras mientras giran a más de 220 kilómetros por hora. Un ligero toque y el Ferrari se eleva del suelo, describiendo una terrorífica pirueta que detiene el tiempo. Las redes de contención no pueden frenar la macabra danza que el monoplaza, fuera de control, ha iniciado. Cuando el vals finaliza, Gilles desciende milagrosamente indemne de su Ferrari, pero en ese lugar donde, por razones de seguridad, estaba prohibido que nadie se situara, dos personas que no siguieron la recomendación perdieron la vida bajo el, ahora, inerte bólido. 

Gilles nunca sintió el peso de estas muertes sobre sus hombros. Estas personas nunca debieron estar en ese lugar, pero la prensa comenzó a criticar la elección de este desconocido, lo apodaban maliciosamente "el aviador". Hasta el propio Enzo Ferrari tuvo que salir en su defensa. Era su apuesta e iba a continuarla hasta el final.   Poco a poco, Gilles iba haciendo tesoro de su experiencia y fue concretando algo de lo mucho que tenía en su interior. Aunque sin tener demasiada suerte en los resultados, la exuberancia de su pilotaje enamoró al público. Los 'tifosi' se rindieron a sus pies. Sin llegar a ganar demasiadas carreras, el corazón de sus aficionados era ya suyo. En Dijon '79, las cámaras de televisión de todo el mundo fueron testigos de uno de los duelos más electrizantes de la historia moderna de la F1. 

Gilles Villeneuve y René Arnoux hicieron subir a las estrellas el ritmo cardíaco de todo el mundo. Su lucha era por la segunda posición de carrera, pero su ardor más bien parecía que fuera su vida la que dependiera de esa conquista. Tantas veces René superaba a Gilles, éste le devolvía la jugada con una maniobra al límite de la física. Su voluntad era irrefrenable. Voluntad de victoria, aunque fuera parcial, vencer en duelo a otro participante, no importaba la posición. Para Gilles no cabía en la mente la idea de llegar a meta en el puesto que merecía la máquina, para Gilles, correr era ganar. René tuvo que conformarse con la tercera plaza y los dos con haber dado a la F1 uno de sus episodios más remarcables.


Dos años después, en el GP de España, Gilles acuñó otra carrera de leyenda. Con una salida "cañón" –ocupaba la cuarta línea de parrilla– conquistó la segunda posición que pronto convertiría en primera, y con una clase superior mantuvo tras de él, durante 66 vueltas, a una jauría de coches , todos ellos superiores a su Ferrari. Pero Gilles poseía la tenacidad de 'Black Jack', la habilidad de Rindt y la autoridad de mantenerse en cabeza como Ascari. Gilles ganó la carrera con un margen de tan sólo un segundo entre él y el quinto clasificado. 

Gilles ganó pocas carreras, tampoco ganó demasiado Nuvolari, sólo lo hizo cuando dispuso de un medio superior. Pero su increíble voluntad, su determinación inigualable, su virtuosismo en dominar el medio mecánico y su capacidad para escapar indemne de los accidentes más espectaculares, hacía que en el pensamiento de la gente, Gilles fuera algo sobrenatural, casi inmortal. 

Es por eso que los aficionados de todo el mundo permanecieran incrédulos ante las noticias de agencia que anunciaban el fin de la vida de Gilles. Fue en Bélgica, en el circuito de Zolder, un maldito 8 de mayo de 1982. Todavía, una vez más, nuestro llorado Gilles partía para dar el máximo de sí. Pironi, su compañero y enemigo, le aventajaba en 120 milésimas de segundo. Su orgullo no le permitía estar detrás del francés tras la traición sufrida 15 días antes en San Marino. Su mítico Ferrari número 27 se lanzaba a lo que los italianos llaman "il giro de la morte".


Nunca una expresión pudo expresar tan fielmente lo que iba a ocurrir. Villeneuve alcanza al March de Jochen Mass, que discurre a velocidad reducida. En una milésima de segundo, Gilles decide superarlo por la derecha. En ese mismo instante, el March número 17 decide apartarse sobre ese mismo lado. Una incomprensión de quinta a fondo que cancela para siempre un sueño, una vida. El Ferrari, que golpea la rueda trasera derecha del March, vuela por encima de éste, cae, y se eleva de nuevo, describiendo un 'loop' fatal. Los anclajes que unen el asiento al monoplaza ceden, separándose el piloto de la máquina como el alma se separa del cuerpo. 

La imágen tétrica arroja el cuerpo de Gilles sobre el alambrado y el verde césped se tiñe de rojo. A las 21:12, un comunicado del hospital de Lovaina anuncia el fallecimiento de Gilles Villeneuve. El más osado, excéntrico, valiente y arriesgado volante de F1 de todos los tiempos inicia su último y definitivo ascenso. Esta vez, para ocupar un lugar privilegiado en el Olimpo de los Dioses del deporte motor. Allí donde los títulos no cuentan. 

sábado, 29 de diciembre de 2012

ARTÍCULOS - NORMAN MAILER Y LA TRILOGÍA ALI vs. FRAZIER (Diario El Espectador, 2012)



 CUANDO EL BOXEO ERA DEPORTE DE MULTITUDES



Una imagen que guardo en la memoria corresponde a un evento histórico del 1° de octubre de 1975. La familia en pleno sentada frente a aquel bello mueble de caoba adornado con carpetas blancas de flores de hilo bordado y pequeñas porcelanas de bailarinas, payasos, perros, caballitos y elefantes. Era nuestro televisor en blanco y negro. El evento que nos congregaba era la tercera pelea entre Muhammad Ali y Joe Frazier por el título mundial de boxeo de los pesos pesados.
Tenía algo más de siete años y era imposible no contagiarme de la emoción que transmitía el enfrentamiento de dos titanes en medio de una multitud delirante en Manila. Además, Ali y el primer campeón mundial de Colombia, Antonio Cervantes ‘Kid Pambelé’, eran los ídolos de mi padre y por tanto de sus cinco hijos, infantes de cuadra que zanjábamos diferencias con los vecinos a los golpes con dos pares de guantes Everlast que nos regaló en la Navidad anterior. Prefería vernos carihinchados antes que cabecirotos. El boxeo era el deporte más popular en Colombia junto al fútbol y uno de los más populares del mundo. Ali había partido en dos la historia del pugilismo y también se había convertido en un ícono mundial tras negarse a combatir como soldado norteamericano en la Guerra de Vietnam y liderar la defensa de los derechos de los negros.
Más tarde descubrí que el frenesí de una de las peleas del siglo, llevó al periodista norteamericano Norman Mailer a escribir una de las más memorables crónicas deportivas, editada luego en el libro ‘En la cima del mundo’. (Mailer había cazado su propia pelea con Truman Capote. Él defendía que la mejor narrativa se hacía desde el periodismo y Capote que desde la frontera con la literatura. Declaro empate). Mailer dedicó el libro a Ali y a Frazier, este último el único hombre capaz de quitarle el invicto a Ali cuatro años antes, la leyenda que murió esta semana en Estados Unidos a causa de un cáncer de hígado. Paradoja porque su golpe a ese órgano era uno de los más famosos y efectivos en el ring.
Mailer, en primera fila, enfoca la narración –¡publicada originalmente en ‘Life’ con fotos de Frank Sinatra!- como una guerra entre dos superegos. “Muhammad Ali se presenta como el más perturbador de todos los egos. Una vez que se adueña del escenario, jamás amaga con dar un paso atrás para ceder su lugar a los demás actores. Como una cotorra de un metro ochenta, Ali no deja de gritar que él es el centro del escenario. ‘Ven y agárrame, idiota —dice—. No puedes porque no sabes quién soy. No sabes dónde estoy. Soy inteligencia humana y tú ni siquiera estás seguro de si soy el bien o el mal’”. Ali siempre menospreció a Frazier: ‘Tío Tom’, ‘gorila’ y ‘demasiado feo para ser campeón mundial de los pesos pesados’, le gritaba en los pesajes y ante las cámaras. Treinta años después, cuando el Parkinson empezaba a diezmarlo, Alí fue humilde por una vez y reconoció: “Joe tiene razón. En el calor del momento dije cosas que no debí decir. Pido disculpas por eso. Lo siento. Todo formó parte de la promoción de la pelea”.
Así se acerca Mailer al alma de los dos gladiadores: “El boxeador es inmisericorde—la falta de compasión es la base del ego— y domina las técnicas —que son las alas del ego—.
Lo que distingue el noble ego de los boxeadores profesionales del ego más ruin de los escritores es que los primeros viven experiencias en el ring que a veces resultan grandiosas, incomunicables, solo comprensibles para otros boxeadores que han alcanzado un nivel similar o para mujeres que han tenido que vivir cada minuto de un angustioso parto: experiencias que son, en último término, misteriosas”.
Mailer contra las cuerdas: “Ali provoca fascinación, lo que implica que la atracción y el rechazo necesariamente forman parte del mismo paquete. Y Ali es también una fuente de obsesión: cuanto menos queramos pensar en él, mayor será nuestra propensión a hacerlo. ¿Por qué? Porque Ali es el Mayor Ego de toda Norteamérica. Y es también, como intentaré demostrar, la encarnación de la inteligencia humana más inmediata que se haya visto hasta hoy. Ali es el espíritu mismo del siglo XX, el príncipe del hombre de masas.
El príncipe de los medios. Ahora mismo, quizás temporalmente, se trata de un príncipe derrocado (Frazier lo había despojado del título)”.
“Una hecatombe de ansiedad” movía la pluma del escritor para describir la pelea como “una operación quirúrgica”. “Si en el combate de revancha logra vencer a Joe Frazier, Muhammad Ali se convertirá en la gran obsesión nacional y lo elegiremos presidente. Uno no podría dejar de votar a un hombre que, no contento con haber vencido a un contrincante tan grandioso como Joe Frazier, sea además Muhammad Ali. ¡Menuda combinación!”.
Así describe el clímax: “dos grandes boxeadores en un gran combate navegan por los ríos subterráneos de la extenuación y escalan los picos de la agonía, vislumbran la luz de su propia muerte en los ojos del contrincante, alcanzan las encrucijadas de la elección más atroz del karma cuando se levantan de la lona, resistiéndose a la dulce atracción de las vertiginosas catacumbas de la pérdida de la conciencia. Lo que ocurre es que no los vemos así porque los boxeadores no son en esencia hombres de discursos.
Y este es el siglo de las palabras, los números y los símbolos. Demasiado”. Y la trascendencia: Hemos llegado a la cuestión central. Existen otros lenguajes ajenos a las palabras, lenguajes de símbolos y lenguajes de la naturaleza. Existen lenguajes del cuerpo. Y el boxeo profesional es uno de ellos. No hay forma de llegar a comprender a un boxeador a menos que se esté dispuesto a reconocer que habla mediante un control corporal tan objetivo, sutil y aprehensible en su inteligencia como cualquier ejercicio mental emprendido por un ingeniero social como Herman Kahn o Henry Kissinger”.
Profundiza hasta imponer su tesis: “El boxeo es un diálogo entre cuerpos. Hombres ignorantes, a menudo negros, a menudo casi analfabetos, se comunican entre sí en un juego de intercambios conversacionales que se adentran en el corazón mismo de la materia del otro. La única diferencia es que conversan con su físico. Y a menos que no estemos dispuestos a creer que un comentario incisivo puede provocar una herida mortal, necesariamente habrá que aceptar la novedosa idea de que dos hombres que boxean amistosamente mantienen una conversación”.
Después Mailer se dedica a hablar de Ali y Frazier, “de sus psiques, de sus estilos, de su honor, de su carácter, de su grandeza y de sus debilidades”. Le pide al lector “no intentar comprenderlos como lo haríamos con hombres que se parezcan a nosotros. Solo podemos intuir lo que ocurre en su interior mediante un salto de la imaginación que nos permita acceder a la ciencia inventada por Ali. Pues Ali es y será siempre el primer psicólogo del cuerpo”. Y, si leen el libro con cuidado, verán que Frazier era el paciente perfecto.
Las tres peleas de estos dos hombres fueron el clímax del boxeo, venido a menos por cuenta de las divisiones y las mafias internas que lo atomizaron. También por cuenta de la televisión que le vendió al mundo deportes más espectaculares. No olvidemos estas fechas: la primera pelea entre Ali y Frazier fue el 8 de marzo de 1971 en el Madison Square Garden, en Nueva York. Ganó el segundo por decisión unánime en 15 asaltos. La segunda también fue en la Gran Manzana el 28 de enero de 1974. Ali se impuso por decisión tras 12 asaltos. Y en Manila, el 1° de octubre de 1975, Ali volvió a vencer en el asalto 14 y resumió el último combate diciendo que ha sido su momento más cercano a la muerte.
“El entrenador de Frazier, Eddie Futch, tiró la toalla.
- Joe, voy a detenerla.
- Pero jefe, le quiero ganar.
- Siéntate hijo. Nadie olvidará jamás lo que hiciste hoy aquí.
Futch tenía razón”.


Fuente: por Nelson Fredy Padilla Castro 
        para ElEspectador.com (19-11-12)

ESPECIALES - EN LA CIMA DEL MUNDO (2009) de Norman Mailer

 


MAILER RETRATA A LA LEYENDA:

ALÍ CONVERTIDO EN NOVELA



Con un prólogo magnífico de Andrés Barba, la editorial  nos introduce en la vida de uno de los personajes más polémicos del siglo XX, Cassius Clay, que acabaría llamándose, tras su conversión al islamismo Muhammad Ali.  Clay-Ali, amigo de Malcolm X, defensor de la diferencia entre razas, y dinamitador de psiques, se convierte en personaje a través de las palabras de Norman Mailer, un apasionado del boxeo, sus ritos, la parafernalia que le rodea y la literatura que lo cuenta. 

El boxeador que llegó a ser el más grande autoproclamado después de que le robaran su bicicleta, quiso convertirse en un dios mortal y en un referente para los que, como él, no tenían más herramientas que sus ganas de luchar. "...un peso pesado jamás demuestra una cordura tan simple. Cuando se alzan con el título de campeón, empiezan a tener vidas interiores comparables a las de Hemingway, Dostoievski, Tolstoi, Faulkner, Joyce, Melville, Conrad, Lawrence o Proust. Hemingway es el máximo exponente." Así describe Norman Mailer al boxeador, así trata a los nuevos héroes americanos.

Lo de Mailer es un análisis de la pelea que enfrentó a Muhammad Ali y Joe Frazier y que supuso la caída del mito hasta convertirse en un hombre capaz de besar la lona. Después de vencer a los más grandes, Foreman, Marciano..., Muhammad Ali no consiguió revalidar el título de campeón mundial frente a Frazier. Un magnífico ensayo sobre un deporte, heredero directo de la pelea de gladiadores, que nos habla de cómo los seres humanos hemos evolucionado entre poco y nada en todo nuestro deambular.

La leyenda de Alí comienza en 1967, cuando el campeón del mundo de los pesos pesados, se negó a tomar parte en la guerra de Vietnam, lo que le costó la retirada del título y, paradójicamente, el ingreso en la categoría de los grandes mitos del siglo XX, símbolo de lucha más allá de sus hazañas deportivas. Cuando en 1971 regresó al ring para recuperar su título frente a Joe Frazier, en el llamado Combate del Siglo, muchos creían que era un boxeador acabado y que el orgullo lo cegaba...

Solo uno de los grandes cronistas de su tiempo, Norman Mailer, podía ofrecer un texto que va más allá de la narración deportiva y la semblanza biográfica para adentrarse en la reflexión sobre el símbolo social, el ascenso y caída del mito, el hombre detrás de la leyenda.

viernes, 28 de diciembre de 2012

ESPECIALES - WILT CHAMBERLAIN ANOTA 100 PUNTOS (2/3/1962)



 



PARTE DE LA LEYENDA



El 2 de marzo de 1962, Wilt Chamberlain anotó 100 puntos durante el encuentro que enfrentó a los Philadelphia Warriors y a los New York Knicks y que terminó con un resultado de 169-147 a favor de Philadelphia.

Chamberlain firmó unas estadísticas aceptables en tiros de campo, pero lanzó tantas veces que era casi inevitable llegar a tal cifra de puntos: 36 de 63 en tiros de dos puntos y 28 de 32 en tiros libres. La efectividad en los libres sí fue destacable ya que a lo largo de su carrera Wilt acumuló un pésimo porcentaje del 51,1% desde la línea.

El partido no fue televisado ni existen imágenes del mismo, pero su foto posterior con la hoja que mostraba el 100 forma parte de la historia del deporte. En Youtube circula un vídeo con un montaje de la narración del partido en radio e imágenes de canastas de Chamberlain que no corresponden con ese encuentro. Los espectadores estaban tan atónitos que cuando el legendario pivot llegó a los 100 puntos, invadieron el campo y los últimos 46 segundos no se disputaron.


El center titular de los Knicks ese día no pudo jugar por gripe y Chamberlain estuvo imparable anotando 24 puntos en el primer cuarto, 18 en el segundo y 28 en el tercero. En ese momento todo el pabellón al unísono empezó a gritar una consigna clara: “¡pasádsela a Wilt, pasádsela a Wilt!”. Y Wilt recibió aún más balones llegando hasta los 31 puntos en el último cuarto.

Kobe Bryant fue el jugador que más cerca estuvo de igualarle, pero su gran noche “sólo” le dio para llegar a los 81 puntos, la segunda mejor marca en la historia de la liga. La hazaña de Kobe tiene gran mérito ya que él era un escolta, no un jugador con tanta superioridad física como la que mostró Chamberlain en la década de los 60.

La temporada 1961-62 fue la mejor de The Stilt, terminando con unos promedios que serán récord hasta que el mundo o la NBA lleguen a su fin: 50,4 puntos y 25,7 rebotes por partido (en la anterior temporada llegó a los 27,2 rebotes) en 48,5 minutos disputados por noche, algo asombroso teniendo en cuenta que los partidos en la NBA duran 48 minutos. Los Warriors esa temporada disputaron un total de 10 prórrogas en siete partidos y Chamberlain disputó 3.882 minutos de 3.890 posibles. Los 4.029 puntos totales anotados en ese curso también son récord, nadie se le ha acercado.

A lo largo de su carrera sumó 31.149 puntos que le valieron para ser el máximo anotador histórico durante unos años, pero con el tiempo Kareem Abdul-Jabbar, Karl Malone y Michael Jordan lo adelantaron quedando su marca como la cuarta mayor suma de puntos en la historia de los máximos anotadores de la NBA. Un auténtico cyborg.

 

Video - material de archivo:



GRANDES JUEGOS - PHILADELPHIA WARRIORS vs. NEW YORK KNICKS (1962)





 EL ANOTADOR DEL SIGLO



El 2 de marzo de 1962 la ciudad de Philadelphia amanecía con total normalidad. El frío, propio de la estación invernal, dejaba una instantánea de las calles cubiertas por una fina capa de hielo. Era viernes y mientras las familias se preparaban para comenzar la jornada laboral al ritmo de Bruce Channel y su 'Hey! Baby', planeaban al tiempo su escapada a los cines para ver 'El entierro prematuro' que ocupaba el número 1 en las carteleras.
Esa noche jugaban los Philadelphia Warriors, como se denominaba el equipo en sus inicios en la NBA. Daba igual. Ni la situación del equipo, ya clasificado para los 'playoffs', ni el rival, los New York Knicks, eran reclamo suficiente para un público que prefería ocupar su tiempo en otras actividades. Sin ser conscientes de lo que estaba a punto de suceder, los habitantes de la ciudad del amor fraterno preferían ocupar su tiempo en otras actividades.
Sólo 4.124 valientes , desafiando al frío, cruzaron aquella tarde Chocolate Avenue para acercarse al Hersheypark Arena. Un pabellón de recambio para los Warriors. Gran parte de la prensa ni siquiera envió allí a sus cronistas. Era un partido sin importancia y le pidieron a Harvey Pollack, encargado de tomar nota de las estadísticas de los partidos de los de Philadelphia, que tras finalizar el choque les contase lo que allí hubiera pasado. Un error que nunca se perdonarían, después de perderse una de las mayores gestas del mundo del deporte.
Las viejas tablas del parquet crujían bajo los piés de un gigante que aquella noche adquirió dimensiones mastodónticas. Sobre todo para sus rivales. Wilt Chamberlain, el hombre récord por excelencia de la NBA, llegaba a su pabellón, relajado y tras ganar a sus compañeros a unas partidas de pinball, una sola idéa empezó a cruzar su mente: anotar y mantener sus 50 puntos... ¡de media! de la temporada. Ya había sido capaz de anotar más de 70 puntos en varios partidos de su carrera y Elgin Baylor había presagiado que ese hombre sería capaz de llegar a los 100. Pero nadie pensaba que iba a suceder aquella noche.
Los Warriors comenzaron el encuentro como en ellos era habitual, con Chamberlain anotando 13 de los 19 primeros puntos de su equipo. El gigante de Philadelphia se convirtió pronto en una fuerza de la naturaleza imposible de frenar para los Knicks. El técnico neoyorquino había preparado un plan especial para frenar a Chamberlain y puso a un auténtico perro de presa como Darral Imhoff ante la lesión de su pívot titular.
Chamberlain anotó los primeros cinco primeros tiros que intentó. Algo especial estaba a punto de suceder. El pívot finalizó el primer cuarto con 23 puntos en su haber y habiendo anotado los nueve tiros libres que había intentado. Sin embargo, Wilt caminaba hacia el banquillo enfadado. Había olido la sangre y quería más.
El segundo cuarto empezó de la misma manera. Con Chamberlain imparable y con los Knicks desesperados por parar la que les estaba cayendo encima. El técnico neoyorquino cambió la forma de defender al pívot rival y dio libertad a sus hombres para que utilizaran todo tipo de artimañas para sacar del partido a Chamberlain. El objetivo era llevar al gigante a la línea de tiros libres. Craso error. Chamberlain había entrenado esa faceta del juego hasta convertirla en una de sus armas más letales.
"Pasádsela a Wilt"
Llegó el descanso. Chamberlain enfilaba el camino de los vestuarios con total normalidad a pesar de los 41 puntos que ya llevaba en el zurrón. "Solía llegar al vestuario con 30 o 35 puntos, así que 41 tampoco era gran cosa", apuntó la leyenda más tarde.
Sin embargo, sus propios compañeros intuían que aquello era el comienzo de una de las páginas más épicas del deporte. Guy Rodgers, jugador de los Warriors, entró en el vestuario y gritó : "Pasádsela a Wilt, a ver cuántos puntos puede meter". El vestuario entero se giró hacia Chamberlain y después miró al entrenador. Ambos asintieron y dieron su conformidad a la nueva 'táctica'.
Este plan resultó imparable para los Knicks. Apenas había pasado un minuto cuando Chamberlain ya había superado los 50 puntos. Dave Zinkoff, el 'speaker' del pabellón comenzó a animar a una grada aletargada y acostumbrada a las exhibiciones de su particular Goliat. Ni siquiera las triples y cuadruples defensas planteadas por los Knicks eran capaces de frenar a Chamberlain. LLegaba el final del tercer cuarto y ya sumaba 69 puntos.
Estaba a sólo nueve puntos de superar su propio récord (78). Sólo habían pasado dos minutos y nueve segundos y la antigua plusmarca ya era historia gracias a un tiro libre. En ese momento, Zinkoff empezó a gritar la nueva marca que Chamberlain iba consiguiendo con cada canasta que anotaba.
Los Knicks cambiaron la táctica viendo que el único objetivo de los Warriors era hacerle llegar el balón a Wilt. El equipo de la Gran Manzana comenzó a frenar al resto de compañeros de Chamberlain y en cuanto tenían la mínima oportunidad cometían falta sobre ellos. Todo con tal de evitar que el balón llegará a Chamberlain. Algo que, aquella noche, era inevitable.
"Podía haber llegado a los 140 puntos"
Chamberlain, tras tomarse un pequeño respiro, volvió a coger las riendas anotadoras de su equipo. Faltaban dos minutos y medio y sumaba 92 puntos. Quedaban ocho. En la siguiente posesión, Chamberlain metió un tiro a tablero e inmediatamente después una bandeja. Quedaba poco más de minuto y medio por jugarse y Chamberlain dejaba el récord en 98 cuando cazó un 'alley oop' lanzado por York Laerse. El delirio se apoderó de todos. Incluso de Chamberlain.
La voracidad del pívot le hizo obcecarse con la canasta sin reparar que tenía tiempo. Chamberlain falló sus tres siguientes lanzamientos y parecía que la posibilidad de la centena se esfumaba. Nada más lejos de la realidad. A falta de 46 segundos Wilt se elevó cerca del aro y tras lanzar la bola contra el tablero, la esfera naranja se introdujo en la red. Lo había logrado.
Chamberlain acababa de anotar su punto número 100. Una cifra sin parangón que provocó la locura de los pocos aficionados allí presentes. En cuanto el balón traspasó el aro se produjo una invasión de campo por parte del público. Todos querían tocar al gigante, comprobar que aquel superhéroe era de carne y hueso. El partido tuvo que pararse durante casi 10 minutos hasta que la cancha fue desalojada para disputar los 46 que restaban por disputarse.
Chamberlain no volvió a la cancha. La gesta bien merecía un descanso. Acababa de romper todos los registros. Había anotado 100 puntos. El partido perfecto. Lo había logrado tras encestar 36 de 63 tiros de campo y un total de 28 de 32 tiros libres.
Una exhibición sin parangón a la que el propio Chamberlain no le dio mérito. Porque era insaciable. Siempre quería más. De hecho, no le dio importancia porque estaba seguro de que podía haber llegado hasta... ¡los 140 puntos! Y así lo afirmó sin rubor tras el choque. "Si me hubiera dedicado sólo al baloncesto y no hubiera salido la noche anterior, habría llegado a los 140. No fue tan asombroso", concluyó un gigante que aquella noche consiguió una gesta que, hasta ahora, nadie ha podido igualar.




Video - Wilt en The Ed Sullivan Show (4-3-62):


ESPECIALES - LOS 72 RÉCORDS CONSEGUIDOS POR WILT CHAMBERLAIN

 


WILT, EL HOMBRE RÉCORD


Wilt Chamberlain no sólo descolló por encima de sus semejantes, sino que impuso récords que perduraron décadas. Y durante 50 años, una poderosa cifra se ha mantenido como el Monte Everest de los números mágicos del deporte: 100 puntos. A los 25 años, Chamberlain ya había consolidado una carrera basada en una constante y espectacular excelencia. 

Desempeñándose con los Warriors de Filadelfia con sus 2,15 metros de estatura (siete pies y una pulgada) y 117 kilos (260 libras) de peso, Chamberlain tenía en enero de 1962 el récord de 78 puntos (en tres tiempos extra) para un solo partido y la marca de 73 en tiempo regular.
 

Menos de tres meses más tarde, el 2 de marzo de 1962, en una victoria sobre los Knicks por 169-147 en el Hersheypark Arena en Hershey, Pennsylvania, Wilt Chamberlain anotó nada más y nada menos que 100 puntos (59 en la segunda mitad). De hecho, se dice que Chamberlain anotó la última canasta a falta de 46 segundos para el final, pero ya no había nada que pudiera hacer parar a la muchedumbre sobre la cancha de juego. Debido a que el partido no fue televisado, no existen imágenes ni vídeos del mismo, aunque sí una grabación de audio de la emisión de radio del partido.

Chamberlain firmó un 36/63 en tiros de campo y un 28/32 en la línea de tiros libres; algo notable dado que Wilt apenas anotó la mitad de tiros libres que lanzó en toda su carrera. Hay que recordar que por entonces no existía la línea de tres puntos. Chamberlain inicialmente dijo que se sentía "avergonzado" de esas estadísticas, por haber lanzado 63 veces a canasta y conseguir anotar "solo" 36 tiros. 


Aquellos míticos 100 puntos, son sólo uno de tantos récords que el pívot más dominante de toda la historia guarda para si, adueñándose de las páginas mas ilustres escritas en la historia de la NBA.



Aquí están todos los registros vigentes que siguen en poder de Chamberlain a día de hoy. Una hoja de servicios hasta ahora imposible de igualar. 
 
1. Más puntos en un partido 100 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors (vs. New York Knicks) el 2 de marzo de 1962
2. Más puntos en una mitad 59 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors (vs. New York Knicks) el 2 de marzo de 1962 (2ª parte)
3. Más tiros de campo anotados en un partido 36 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors (vs. New York Knicks) el 2 de marzo de 1962
4. Más tiros de campo intentados en un partido 63 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors (vs. New York Knicks) el 2 de marzo de 1962
5. Más tiros de campo anotados en una mitad 22 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors (vs. New York Knicks) el 2 de marzo de 1962 (2ª parte)
6. Más tiros de campo intentados en una mitad 37 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors (vs. New York Knicks) el 2 de marzo de 1962 (2ª parte)
7. Más tiros de campo anotados en un partido sin fallo 18 por Wilt Chamberlain, Philadelphia 76ers (vs. Baltimore Bullets) el 24 de febrero de 1967
8. Más tiros libres anotados en un partido 28 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors (vs. New York Knicks) el 2 de marzo de 1962 28 por Adrian Dantley, Utah Jazz (vs. Houston Rockets) el 4 de enero de 1984
9. Más rebotes en un partido 55 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors (vs. Boston Celtics) el 24 de Noviembre de 1960
10. Mejor porcentaje de anotación en una temporada 50.4 por Wilt Chamberlain, 1961-62
11. Mayor número de puntos en una temporada 4,029 por Wilt Chamberlain, 1961-62
12. Mayor número de partidos anotando 50 o más puntos en una misma temporada 45 por Wilt Chamberlain, 1961-62
13. Mayor numero de partidos anotando 40 o más puntos en una misma temporada 63 por Wilt Chamberlain, 1961-62
14. Más tiros de campo conseguidos en una temporada 1,597 por Wilt Chamberlain, 1961-62 (50.6 FG%)
15. Más tiros de campo intentados en una temporada 3,159 por Wilt Chamberlain, 1961-62
16. Mejor porcentaje de tiros de campo en una temporada 72.7% por Wilt Chamberlain, 1972-73 (426 hechos en 586 intentos)
17. Más tiros libres conseguidos en una temporada 1,363 por Wilt Chamberlain (61.3 FT%), 1961-62
18. Mayor promedio reboteador en una temporada 27,2 por Wilt Chamberlain, 1960-61
19. Más rebotes en una temporada 2.149 por Wilt Chamberlain, 1960-61
20. Mayor cantidad de temporadas liderando la liga en anotación, consecutivas 7 por Wilt Chamberlain (1959/60-1965-66) 7 por Michael Jordan (1986/87-1992/93)
21. Más partidos anotando 60 o más puntos 32 por Wilt Chamberlain
22. Más partidos anotando 50 o más puntos 118 por Wilt Chamberlain
23. Más partidos anotando 40 o más puntos 271 por Wilt Chamberlain
24. Más partidos consecutivos anotando 50 o más puntos 7 por Wilt Chamberlain, desde 16 de diciembre de 1961
25. Más partidos consecutivos anotando 40 o más puntos 14 por Wilt Chamberlain, desde 8 de diciembre de 1961-30 de diciembre de 1961 14 por Wilt Chamberlain, desde 11 de enero de 19621 de febrero de 19624
26. Más partidos consecutivos anotando 30 o más puntos 65 por Wilt Chamberlain, desde 4 de noviembre de 1961-22 de febrero de 1962
27. Más partidos consecutivos anotando 20 o más puntos 126 por Wilt Chamberlain desde 19 de octubre de 1961-19 de enero de 1963
28. Más temporadas liderando la liga en tiros de campo anotados consecutivos 7 por Wilt Chamberlain (1959/60-1965/66 ) 7 por Michael Jordan (1986/87 -1992/93 )
29. Más temporadas liderando la liga en tiros de campo intentados 7 por Wilt Chamberlain (1959/60-1965/66)
30. Más tiros de campo consecutivos 35 por Wilt Chamberlain desde 17 de febrero de 1967-25 de febrero de 1967
31. Más temporadas liderando la liga en tiros libres intentados 9 por Wilt Chamberlain
32. Más rebotes en una temporada 23.924 por Wilt Chamberlain
33. Mejor porcentaje de rebotes en una temporada 22,9 por Wilt Chamberlain
34. Más temporadas liderando la liga en rebotes 11 por Wilt Chamberlain
35. Más triples-dobles consecutivos 9 por Wilt Chamberlain, 8 de marzo-20 de marzo de 1968
36. Más tiros de campo anotados en un partido 'playoffs' 24 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors vs Syracuse Nationals el 14 de Marzo de 1960 24 por John Havlicek, Boston Celtics vs. the Atlanta Hawks el 1 de Abril de 1973 24 por Michael Jordan, Chicago Bulls vs Cleveland Cavaliers el 1 de Mayo de 1988
37. Más tiros de campo intentados en un partido de playoffs 48 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors vs Syracuse Nationals el 22 de Marzo de 1962 48 por Rick Barry, San Francisco Warriors vs Philadelphia 76ers el 18 de Abril de 1967
38. Más tiros de campo intentados en una mitad de un partido de playoffs 25 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors vs Syracuse Nationals el 22 de Marzo de 1962 25 por Elgin Baylor, Los Angeles Lakers vs Boston Celtics el 14 de Abril de 1962 25 por Michael Jordan, Chicago Bulls vs Cleveland Cavaliers el 1 de Mayo de 1988 (1era mitad)
39. Más rebotes en un partido de 'playoffs' 41 por Wilt Chamberlain, Philadelphia 76ers vs Boston Celtics el 5 de Abril de 1967
40. Más rebotes en una mitad de un partido de 'playoffs' 26 por Wilt Chamberlain, Philadelphia 76ers vs San Francisco Warriors el 16 de Abril de 1967
41. Más tiros de campo intentados en una serie de 'playoffs' a tres partidos 104 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors (vs Syracuse Nationals), 1960
42. Más rebotes en una serie de 'playoffs' a cinco partidos 171 por Wilt Chamberlain, Philadelphia 76ers (vs San Francisco Warriors), 1967 (28.5 rpg)
43. Más tiros de campo anotados en una serie de playoffs a siete partidos 113 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors (vs. St. Louis Hawks), 1964
44. Más rebotes en una serie de playoffs a siete partidos 220 por Wilt Chamberlain, Philadelphia 76ers (vs Boston Celtics), 1965 (31.4 rpg)
45.Más rebotes en una mitad de un partido de las Finales 26 por Wilt Chamberlain, Philadelphia 76ers (vs San Francisco Warriors) el 16 de abril de 1967
46. Más rebotes en una series Finales a seis partidos 171 por Wilt Chamberlain, Philadelphia 76ers (vs San Francisco Warriors), 1967 (28.5 rpg)
47. Mejor promedio reboteador en las Finales de la NBA (contabilizan al menos 10 partidos en Finales) 24.6 por Wilt Chamberlain (35 partidos)
48. Más puntos por partido para un rookie 37.6 por Wilt Chamberlain, 1959-60
49. Más rebotes por partido para un rookie 27.0 por Wilt Chamberlain, 1959-60
50. Más puntos en un partido para un rookie 58 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors (vs Detroit Pistons) el 25 de Enero de 1960 58 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors (vs New York Knicks) el 21 de Febrero de 1960
51. Más rebotes en una partido para un rookie 45 por Wilt Chamberlain, Philadelphia Warriors (vs Syracuse Nationals) el 6 de febrero de 1960
52.Único jugador en promediar más de 30 puntos y más de 20 rebotes como rookie Wilt Chamberlain
53. Jugador más joven en llegar a los 25.000 Puntos Wilt Chamberlain (31 años, 186 días) el 23 de febrero de 1968
54. Jugador más joven en llegar a los 30.000 Puntos Wilt Chamberlain (35 años, 179 días) el 16 de febrero de 1972
55. Menos partidos para llegar a 15.000 puntos 358 por Wilt Chamberlain
56. Menos partidos para llegar a 20.000 puntos 499 por Wilt Chamberlain
57. Menos partidos para llegar a 25.000 puntos 691 por Wilt Chamberlain.
58. Menos partidos para llegar a 30.000 puntos 941 por Wilt Chamberlain.
59. Único jugador en obtener un doble triple doble (20 o más en tres estadísticas) Wilt Chamberlain; 4 de febrero de 1968, Chamberlain logró 22 puntos, 25 rebotes, y 21 asistencias.
60. Único jugador en tener 40 o más en dos estadísticas en un partido Wilt Chamberlain: Lo consiguió en 8 ocasiones, incluyendo 78 puntos y 43 rebotes el 8 de diciembre de 1961.
61. Más temporadas consecutivas con 30 o más puntos por partido 7 por Wilt Chamberlain 7 por Michael Jordan
62. Único jugador en promediar 30o más puntos y 20 o más rebotes en una temporada Wilt Chamberlain (7 veces)
63. Más temporadas con más de 30 puntos y más de 20 rebotes 7 por Wilt Chamberlain
64. Más temporadas consecutivas con más de 30 puntos y más de 20 rebotes por partido 7 por Wilt Chamberlain
65. Único jugador en promediar más de 40 y más de 50 puntos en una temporada Wilt Chamberlain
66. Más temporadas con más de 40 puntos 2 por Wilt Chamberlain
67. Más temporadas con más de 20 rebotes por partido 10 Por Bill Russell 10 Por Wilt Chamberlain
68. Más temporadas consecutivas con más de 20 rebotes de media 10 Por Bill Russell 10 Por Wilt Chamberlain
69. Más puntos en un 'All Star' 42 por Wilt Chamberlain (1962)
70. Mas rebotes en todas sus presencias en el 'All Star' 197 por Wilt Chamberlain
71. Mas rebotes en una mitad de un 'All Star' 16 por Bob Pettit (1962) 16 por Wilt Chamberlain (1960)
72. Mas tiros libres intentados en un All Star 16 por Wilt Chamberlain (1962)